viernes, 14 de marzo de 2014

UN AÑO DEL PAPA FRANCISCO: SIN CRISTIANISMO EN EL HORIZONTE


… en la catedral de San Pedro se celebra nuevamente un pomposo espectáculo, superflua non nocent (lo superfluo no daña) con un ensamble internacional de prelados incurso en la búsqueda múltiple de «nuevos horizontes», en una «dinámica renovadora», «abierta al mundo», al «pluralismo de opiniones», «al diálogo». Todo ello induce a algunos, y no siempre a los más tontos, a creer que el orbe ha cambiado, que el catolicismo se ha vuelto liberal y la teología progresista…” (1)

Las palabras de Karlheinz Deschner sirven de marco al primer aniversario del papa argentino y su gigantesca tarea de gobernar una institución fosilizada e históricamente corrupta como la Iglesia Católica.
El diagnóstico de la crisis, a marzo de 2013, era el peor: falta de transparencia y soluciones concretas para el tridente abusos sexuales/finanzas vaticanas/corrupción institucional; sangría silenciosa de fieles, que ya no responden al anacrónico poder sagrado del clero; pérdida de autoridad de las sotanas como consecuencia de sus fechorías; violación de derechos humanos en el seno de la institución; doctrina religiosa convertida en ideología como consecuencia de los enormes cambios políticos, sociales, y culturales traídos por la posmodernidad.

El vocero del papa ratificó aquel diagnóstico días pasados aunque dentro de un “clima negativo” en torno a la Iglesia, como si las causas de la crisis hubieran sido externas a la institución.
La crítica situación, llevó al hoy papa emérito a presentar su renuncia en un hecho histórico. Renuncia que no pocos sectores de católicos, en su tradicional esquizofrenia espiritual, vieron como un acto heroico. Y ahí apareció Jorge Bergoglio, primer jesuita en continuar la histórica falacia de la “sucesión” del pescador judío Pedro. También, primer  latinoamericano en llegar a la monarquía teocrática católica.

El aniversario permite hacer un breve análisis de su gestión, desde el objetivo primordial, es decir, el cambio radical de imagen institucional y papal; pasando por las reformas propuestas, con sus primeros resultados; hasta el futuro incierto de la multinacional religiosa condicionado por el modelo de institución que se seguirá.
La imagen en primer lugar: demagogia, estulticia y humanismo papal fingido

Apenas comenzó su gestión, advertimos que el cambio de imagen de la institución y del propio rol de papa iba a ser el objetivo número uno. Para ello, utilizó la demagogia, y atizó la crónica idolatría de las masas católicas (2).
Como respuesta, el rebaño le devolvió no pocos actos de estulticia como dedicarle un sabor de helado; una estatua de chocolate; un grafiti con la figura del papa como superhéroe; una foto “selfie” con jóvenes católicos, entre muchos otros.

También personalidades de diversos ámbitos se mostraron encantadas con el nuevo pontífice, entre ellas, las que integran el lamentable y genuflexo sector dirigencial argentino, preocupadísimos en obtener “su” foto, y legitimar sus mandatos democráticos con un líder religioso antidemocrático.
La genética idolátrica católica volvió a florecer, y como hacía mucho tiempo no se veía. Pero hubo más: el encandilamiento llegó hasta el presidente norteamericano y la revista Time, que lo eligió “hombre del año”. Se ha dado a conocer, también, que Francisco integra la lista de candidatos a recibir el premio nobel de la paz.

Aquellos primeros hechos arrojaron, aparentemente, resultados muy buenos: cambio de imagen institucional, del rol del papa, y “primavera” católica para los más optimistas. El vocero papal los confirmó, aunque enfocado en el mensaje: “El corazón de este nuevo lenguaje es el anuncio del amor de Dios para todos, el tema de la misericordia y del perdón para todos. Mientras antes en los medios estaba difundido el prejuicio según el cual la Iglesia decía siempre "no", y no era cercana a la gente” (3).
Sin embargo, los resultados sólo traslucen indicadores del espíritu religioso de nuestro tiempo, que reflejan una religiosidad que se caracteriza por un marcado sentimentalismo, sensiblería y credulidad. Religiosidad de la “degustación”, como diría José María Mardones, o lo que es lo mismo, “quedarse a mitad de camino entre sentirse bien y los buenos sentimientos”.

Asimismo, y dentro de los distintos tipos de “catolicismos”, según Juan Cruz Esquivel, prevalencia de la religiosidad delegativa, con fieles que buscan que sus líderes religiosos los traten bien y “los hagan felices cuando ellos deciden participar”.
Finalmente, lo que Lipovetsky considera como “nueva estrategia que desbanca la primacía de las relaciones de producción en beneficio de una apoteosis de las relaciones de seducción” (4). Y Francisco no es la excepción. En un mercado religioso cada vez más competitivo, con un “producto” anticuado y en decadencia, el catolicismo romano ha salido a seducir clientes, fundamentalmente, a los que se fueron.

Esos primeros pasos han sido sólo una pincelada para blanquear el sepulcro que, por ahora, alcanza para “fascinar a los embobados”, en palabras de Deschner. Lamentablemente para los optimistas, el engatusamiento papal no tendrá un efecto duradero sencillamente porque el núcleo del poder clerical y el corpus doctrinal/ideológico no sufrirán los cambios necesarios para acercarse al “ethos” cristiano, precisamente, lo que no cree la mayoría de católicos, sean laicos o curas.
Los dos ejes de las reformas de Francisco: iniciar procesos y disimular la doctrina

Dejando de lado la religiosidad epidérmica, que en el catolicismo alcanza niveles altos, Francisco puso manos a la obra para introducir reformas en la institución que preside.
Dos son los ejes por donde transita su espíritu reformador. El primero, es un elemento común en las diversas gestiones que ha encabezado, sea como cura u obispo, y que un discípulo suyo formuló así: “más que procurar resultados inmediatos, hay que generar procesos” (5). Teniendo en cuenta ese dato, se pueden mencionar los procesos de reforma más relevantes motorizados por Bergoglio:

- Modificaciones en el Instituto para las Obras de Religión (IOR): vulgarmente llamado “Banco del Vaticano”, nombró una comisión encargada de hacer los cambios para transparentarlo y que se adapte a las normas financieras de la Comunidad Económica Europea, abandonando su histórico rol de paraíso fiscal y blanqueador de dinero de la mafia.
Asimismo nombró al gran encubridor de pedófilos de Australia, cardenal George Pell, como responsable de la Secretaría de Economía, nuevo organismo burocrático de la estructura vaticana, integrado por 15 consejeros, de los cuales 8 son prelados y 7 son laicos. Los verdaderos resultados en este campo se verán a largo plazo, si es que se hacen públicos. Por ahora, sólo se saca a la luz (y a cuentagotas), la monumental corrupción financiera que un año atrás engrosaba el rubro “ataques a la iglesia”.

- La plaga de abusadores sexuales: comunicó que continuaría con la política de “tolerancia cero” contra el clero abusador sexual. Sin embargo, ya advertimos (6) que la promocionada tolerancia es falsa y que el aguantadero de pedófilos con sotana no desaparecerá si no hay una profunda reforma en el Código de Derecho Canónico y la derogación de los instrumentos que aún permiten el encubrimiento de los delincuentes, por ejemplo, el “secreto pontificio”, actualmente vigente. De modo que por más que publiciten su intolerancia hacia los abusadores, el problema seguirá (y sigue), intacto. En el informe de la Comisión de la ONU encargada de monitorear el cumplimiento de la Declaración de los Derechos del Niño, figura esta advertencia capital.
- Reforma de la Curia: nombró un grupo de ocho cardenales que tienen la misión de elevar las propuestas para reformar el gobierno de la Iglesia. Fusionar Dicasterios y Congregaciones, darles mayor participación a los laicos en la gestión de aquellos, son algunas novedades. Sin embargo, cualquier modificación en la estructura que no vaya acompañada por un cambio en el ejercicio del poder clerical, reduciéndolo a su mínima expresión, significará mero continuismo. Seguirá el clero decidiendo unilateralmente cómo se gobierna la institución y qué debe pensarse.

- Posible apertura a una mayor participación de las mujeres en la estructura institucional: dejó entrever que habrían mujeres al frente de organismos vaticanos. No obstante, que se nombre a una mujer (o muchas), no significa garantía alguna que puedan gestionar con autonomía de criterio. Mucho menos que el rol de las mujeres se ajuste a los nuevos paradigmas de género. De nombrar mujeres, serán “del palo” clerical.
- Sínodo extraordinario sobre la familia: fijado para octubre de 2014, es el único punto de la doctrina católica que ha merecido particular atención para ser debatido a corto plazo, debido a que la sangría de fieles se debe, principalmente, a la crisis de la familia (según la versión ideologizada que el clero tiene de ella). Para su preparación, se envió con carácter consultivo a los obispados esparcidos por el mundo, un cuestionario de 38 preguntas referidas al estado actual de la institución familiar, auténtica muestra del anacronismo, cursilería, y alejamiento del pensamiento de los obispos católicos en la materia.

Dentro de la temática familiar se encuentra el fenómeno de los católicos divorciados y vueltos a casar, “piedra en el zapato” que merecería un artículo aparte. Digamos solamente que tanto en este tema como en el de la familia será el estamento clerical el que en definitiva decidirá los eventuales cambios. El rebaño no cuenta.  
Los procesos de cambios iniciados, ni siquiera rozan la quintaesencia del poder clerical. Se deja incólume tanto el “poder sagrado”, que se proyecta en los “tria munera” (facultades de enseñar, santificar y regir), y el poder de gobernar la institución. Ese núcleo de poder es intocable, y el laicado, aunque sea llamado a colaborar, será mantenido en la sumisión, sin capacidad de tomar decisiones institucionales de modo autónomo, mucho menos de disentir públicamente con el pensamiento único, por cuanto eso conllevaría una actitud contraria a la unidad, primer deber que tiene todo católico según el canon 209 del Código Canónico.

Para justificar el mantenimiento del poder por parte del clero, seguirá vigente la antigua concepción que lo entiende, cínicamente, como un servicio; noción anticristiana por donde se la mire. Decía el teólogo belga José Comblin: “Es evidente que esta identificación entre poder y servicio no viene del Nuevo Testamento. Ella procede de la ideología imperial. En esta ideología, todo poder es positivo porque todo poder es servicio a la sociedad. “Dominar para servir”, es la definición de todos los colonialismos, hasta en la guerra de Irak que es el mayor servicio prestado el pueblo irakiano [sic]” (7).
Lo expuesto nos permite decir que los procesos de reforma iniciados por Jorge Bergoglio se reducen, unos, a transformar organismos corruptos (IOR), y el resto, a pobres migajas que el estamento clerical arroja a los sectores laicos para que aplaudan como focas. No hay en este aspecto un mínimo atisbo de cristianismo y sí de clericalismo en estado puro, aunque disfrazado de “apertura”.

El segundo eje por el que transitan los cambios lo advertimos meses pasados. Es tan importante el cambio de imagen institucional que se ha puesto bajo un paraguas la doctrina totalitaria y los dogmas. Los apologistas de Francisco lo dicen así: “… dejar atrás un extendido espíritu inquisitorial, culposo, triste y reglamentarista (léase un catálogo de prohibiciones) del catolicismo, macerado durante siglos, para colocar en el centro la esencia del Evangelio: el amor, y así privilegiar la cercanía a la gente y la comprensión” […] “Y haciendo, en fin, que la Iglesia sea una acogedora casa de todos. Pero para ello no traiciona las creencias y preceptos, sino que cambia el orden de prelación: Primero el Evangelio, después la doctrina y, finalmente, las normas morales. Y todo sin juzgar, sino buscando comprender y perdonar” […] "No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible". "Ya conocemos la opinión de la Iglesia (…) y no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar" (8).
Esto explica que el papa no condene a ningún homosexual, pero su catecismo los trate de anormales; que declare que las mujeres deben participar más en la vida de la Iglesia, pero su Biblia esté impregnada del pensamiento misógino de Pablo de Tarso, y en la encíclica Evangelii Gaudium sostenga que el sacerdocio reservado a los varones “no se pone en discusión” (N° 104); que en apariencia se abstenga de machacar contra el aborto, pero cada vez que pueda haga declaraciones en ese sentido.

Digámoslo con otras palabras: se hace creer a los embobados que a partir de Francisco la Iglesia Católica “está cerca” de la gente, que es “humana”, que “no condena a nadie”, que es “misericordiosa”, que “perdona”, que hace “corresponsables” a los laicos. Pero miserable e hipócritamente se esconde la doctrina, dogmas y normas jurídicas, todas más vigentes que nunca (porque "ya conocemos la opinión de la Iglesia (…) y no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”). Una jaula para crédulos, ingenuos y cándidos, cuyos barrotes han sido barnizados, una vez más, por quienes no quieren perder prebendas ni privilegios. Son los que, en terminología del galileo, se conocen como “lobos con piel de cordero” (Mt. 7,15), pero en pleno siglo XXI.
Los dos ejes del pensamiento reformista de Francisco no pasan el test de cristianismo básico porque no hay en ellos notas esenciales de democratización de sus estructuras, ni igualdad plena de varones y mujeres, ni respeto a derechos humanos elementales; tampoco la eliminación de los privilegios del clero. Todo lo contrario, bajo el disfraz de humanidad y misericordia se esconde el “huevo de la serpiente”.

Modelo institucional: sin cristianismo a la vista
Los cambios iniciados por el papa también tienen que ver con el modelo de institución que pretende dirigir. E aquí otro obstáculo. De seguir transitando los procesos por los dos ejes mencionados acentuará la crisis irreversible de la institución, y muy lejos del cristianismo.

Como sostiene Pablo Richard, “crisis “irreversible” significa una crisis que ya no puede ser resuelta con reformas parciales o con cambios puramente teológicos o de lenguaje. Una crisis irreversible es una crisis final. No hay marcha atrás, su perfeccionamiento solo consigue acelerar su muerte” (9).
El biblista considera que “la iglesia” es sólo un concepto teológico que no existe en la realidad, lo que existe históricamente son modelos, tendencias o maneras diferentes de ser iglesia, y distingue provisoriamente una manera conservadora (la de Juan Pablo II y Benedicto XVI), y otra “liberadora”. ¿Cuál será la de Francisco? Por ahora, sigue en sus grandes líneas la de los dos pontífices que le precedieron, contrarios a la esencia del movimiento del laico y no católico Jesús de galilea, con los cambios mencionados.

Cambios donde el ejercicio del poder sigue siendo clave a la hora de calificar las reformas. Sea en el funcionamiento interior de la institución, o en su actividad pública, “el problema entre todos los problemas, y que está en la base de todos, es la necesidad de evangelizar sin poder, a partir de una relación de igualdad: un ser humano con otro ser humano, como modo de relación entre personas iguales y no en una relación de superior a inferior” (10). Relación de igualdad que, como esencia del cristianismo, precisamente, no aparece en el horizonte de las reformas del papa argentino.
Paradójicamente, y como sostiene el prologuista de la obra de Deschner, citándolo, “no es posible la reforma de la Iglesia. Cualquier reforma, enfatiza, exigiría volver al cristianismo inicial y se convertiría por ello mismo en una revolución que destruiría la Iglesia actual” (11).

Notas
(1) Deschner Karlheinz, Opus Diaboli, 1987, Yalde, Zaragoza, p. 17.

(2) www.gacetamercantil.com/notas/.../el-espíritu-tartufo-iglesia-francisco.ht...
(3) www.zenit.org/es

(4) Lipovetsky, Gilles, La era del vacío, 2011, Anagrama, Barcelona, p. 17.
(5) “Hay sectores de la Iglesia que se sienten amenazados por el papa Francisco”, en www.clarin.com/.../sectores-Iglesia-sienten-amenazados-Francisco_0_10...

(6) www.gacetamercantil.com/notas/46546/
(7) Comblin, José, “Sobre el poder en la Iglesia”, en www.sintapujos.org/.../sobre-el-poder-en-la-iglesia-por-jose-comblin-in-memo...

(8) Rubín, Sergio, “El mensaje del Papa Francisco provoca una revolución cultural”, en www.clarin.com/.../mensaje-Papa-provoca-revolucion-cultural_0_99770...
(9) Richard, Pablo, Crisis irreversible en la Iglesia Católica, en www.2001.atrio.org/d050504RICHARD.htm

(10) Comblin, José, Las grandes incertidumbres en la iglesia actual, en www.redescristianas.net/.../las-grandes-incertidumbres-en-la-iglesia-actual-j...
(11) Op. cit. p. 15.

martes, 4 de febrero de 2014

NUEVO ABUSO A LOS ABUSADOS EN LA IGLESIA DE FRANCISCO

La plaga de abusos sexuales del clero católico tuvo un nuevo capítulo jurídico el pasado 16 de enero, al comparecer representantes de la Santa Sede ante el organismo de la ONU encargado de monitorear el cumplimiento de la Declaración de los Derechos del Niño por parte de aquel estado.

La designación del papa demagogo pareció dejar en el olvido el conjunto de tropelías y crímenes sexuales del clero contra miles de niños y niñas en todo el mundo, los mismos que dicen proteger desde el momento de la concepción.
Mientras en Vaticalia (término acuñado por el periodista Miguel Mora), y sus sucursales campea a sus anchas el gatopardismo ideológico, el sentimentalismo religioso, y un infantil “clima de esperanza”, los organismos internacionales que trabajan dentro del marco de la adultez y responsabilidad jurídica, hicieron comparecer en la ciudad de Ginebra a los representantes del estamento clerical, el mismo que hundió a la institución en una crisis terminal que, a base de demagogia y propaganda, tratan de revertir por todos los medios.

Si bien haber comparecido y “dar la cara” fue un hecho histórico, no lo fueron las respuestas ni las explicaciones de parte del estado teocrático. Y no lo fueron porque, no obstante la pavoneada “tolerancia cero” que supuestamente impera en la institución, las causas que han motivado semejante cúmulo de aberraciones continúan.

Malos antecedentes
Por ser firmante de la Convención sobre los Derechos del Niño desde 1990, la Santa Sede debe presentar informes cada cinco años. No obstante, sólo presentó dos: en 1995 y 2011, lo que demuestra la renuencia en transparentar la situación.

Por su parte, en el mes de noviembre de 2013 tenía la obligación de informar al Comité de Derechos del Niño las investigaciones internas relativas a los abusos sexuales cometidos por el clero. Sin embargo, recurriendo a una “chicana” jurídica, informó que no las revelaría a menos que fuesen solicitadas por un gobierno o Estado, como parte de sus procedimientos legales.
Justificaron su respuesta en que sus investigaciones son privadas, no pueden ser compulsadas por el público, todo con la finalidad de proteger al acusado, a los testigos, y la integridad del procedimiento de la iglesia; también para “respetar” a las víctimas. Patrañas clericales derivadas de un procedimiento canónico armado para amparar a los delincuentes.

Con estos malos antecedentes, se llegó a la audiencia pública del 16 de enero de 2014 donde hubo otro penoso show de fingimiento e hipocresías vaticanas.

Los reyes de la trampa
El representante de la santa sede ante la ONU, mostró una primera carta: “Se encuentran abusadores entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo y, más lamentablemente, incluso entre miembros del clero y otro personal de la iglesia. Este hecho es especialmente grave, ya que estas personas están en posiciones de gran confianza y son llamados a promover y proteger todos los elementos de la persona, como la salud física, emocional y espiritual" (1).

La falacia, que generaliza algo particular, fue expuesta sin ningún complejo. El punto es que no se los interrogaba sobre todos los ámbitos donde se producen abusos sexuales, sino de los que llevan a cabo sacerdotes católicos, encubiertos por la multinacional religiosa.
La segunda engañifa vino por el lado de quién tiene competencia para juzgar los delitos de abuso sexual del clero: “investigar y juzgar estos delitos corresponde a los Estados donde han tenido lugar”, ¡no faltaba más! Por lo tanto, la Santa Sede no tiene por qué informar.

“Cuando la Santa Sede accedió a ratificar el tratado, no lo hizo en nombre de todos los católicos del mundo. Cada miembro de la Iglesia Católica está sujeto a las leyes del país en el que vive”, dice el documento presentado. Esto es correcto si se enfoca la legislación civil.
Sin embargo, si se tiene en cuenta la legislación canónica, el fiel católico abusado sexualmente está sujeto a las leyes impuestas por la autoridad religiosa y debe someterse a las mismas por ser un deber regulado en el estatuto jurídico común de dichos fieles. Ergo, podría hacer dos denuncias en dos fueros distintos: el civil y el canónico. Lo que el Comité de la ONU requirió, fue información sobre el fuero canónico, no del civil.

Luego del show de las evasivas y el fingimiento, el director de la Oficina de Prensa y portavoz de la Santa Sede publicó una nota donde manifestaba el comportamiento “ejemplar” de las autoridades vaticanas relativas al asunto. Por supuesto, puso como ejemplo (para distraer), al papa demagogo: ““¿Qué jefe de los 193 "Estados" del Comité de la Convención sobre los Derechos del Niño, puede representar mejor testimonio y eficaz aval que el Papa Francisco y su amor tan fuerte por la infancia?” (2).
Más allá de la típica cursilería de un preboste vaticano, nadie le recordó al vocero que de ser ciertos sus elogios deberían avisarle al papa Francisco que aquel “amor tan fuerte por la infancia” podría manifestarlo en su país natal, informando dónde fueron a parar los bebés robados en los centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar-católica.

Las causas de la plaga: intactas
Recordemos el “modus operandi” de la Iglesia Católica en materia de abuso sexual contra niños/as y jóvenes producto de la relación de poder y subordinación ejercida por los sacerdotes abusadores.

Puede sintetizarse en el “decálogo” mencionado por Pepe Rodríguez: 1) averiguación discreta de los hechos; 2) inicio de acciones disuasorias con el agresor y la víctima; 3) encubrimiento del agresor y de los hechos antes de que afloren; 4) toma de medidas para reforzar el ocultamiento; 5) negación de los hechos cuando se hacen públicos; 6) defensa pública del agresor sexual y atribución de méritos; 7) descalificación pública de la víctima y de su entorno; 8) atribución paranoide de las acusaciones a campañas orquestadas por “enemigos de la iglesia”; 9) posibilidad de negociación con la víctima; 10) protección del abusador sexual” (3)
Ese método delictivo, avalado por la normativa canónica que aplicaron los más grandes encubridores de curas pederastas - Juan Pablo II y su cardenal Ratzinger -, estuvo (y está), acompañado por un sistema jurídico preparado para proteger a los curas delincuentes.

Dicho sistema viola las más elementales reglas del debido proceso y defensa en juicio, desde el momento en que la víctima no tiene plena participación en el procedimiento que inician los obispos, sobre todo, el derecho a informarse de modo fehaciente del estado procesal de la investigación. Algunos ejemplos: asistir a las audiencias testimoniales; compulsar las pericias psicológicas que se hicieren al delincuente; tachar testigos; compulsar legajos personales de los curas abusadores. Nada de eso pueden hacer las víctimas, ni sus abogados.
A ello se suman la indeterminación de las sanciones que pueden ir desde una amonestación (incluida una “palmadita” en la espalda, por ejemplo), hasta la expulsión del clérigo; todo depende del capricho del obispo. He ahí la ilegalidad. Las sanciones penales no pueden ser indeterminadas, como tampoco pueden dejarse al arbitrio de un jerarca.

El procedimiento canónico en la materia, sea administrativo o judicial, es un monumento a la violación de derechos humanos elementales.

Tolerancia cero: un burdo maquillaje
Sara Oviedo, investigadora principal sobre derechos humanos del Comité, sostuvo: “Teniendo en cuenta la política de “tolerancia cero” de la Iglesia católica con los abusos… ¿por qué se hicieron “esfuerzos por cubrir y ocultar este tipo de casos?”. Se equivocó la investigadora. Partió  de una premisa falsa: que exista “tolerancia cero” contra los abusadores. Pecó de ingenua.

Desde que se hiciera público el problema (año 2000 en Boston), hasta las “nuevas” medidas adoptadas por Ratzinger, no existió “tolerancia cero” propiamente dicha en la iglesia. Primero, porque la Santa Sede se ampara en su propia legislación, como se dijo, violatoria de derechos humanos; segundo, porque no ha puesto a disposición de las víctimas, de los organismos internacionales, ni de los propios católicos sus archivos secretos; y tercero, porque sigue vigente la Instrucción Secreta “Continere”, aprobada en 1974 por Pablo VI, que dispone el “secreto pontificio” a todos aquellos involucrados en las investigaciones sobre abusos sexuales.
El resto de las nuevas disposiciones - subidas, incluso, en la página web de la Santa Sede - son un maquillaje para aparentar “preocupación” por las víctimas. Y Francisco, el papa demagogo, sigue esta línea, por más gestos, palabras bonitas, buenos sentimientos, y comisiones integradas por sotanas y laicos serviles que haya formado.

Lo que oportunamente llamamos “cuestión sexual” del clero católico, una de cuyas implicancias son los abusos sexuales, sigue intacta en la Iglesia Católica. Y continuará así por la sencilla razón que no hay control externo de los actos de la autoridad episcopal, ni cambio en su ideología. En una monarquía absoluta, los súbditos sólo obedecen, y sin chistar. No les importan las personas, les importa la institución; para eso trabajan desde el siglo IV dC. El fraude hay que mantenerlo en el tiempo, cueste lo que cueste.
Mientras el rebaño aplaude al papa demagogo por sus gestos “humanos”, y es engañado con mensajes donde se ratifica la tolerancia cero hacia los curas abusadores, miles de víctimas siguen esperando justicia real y efectiva.

Tal vez, lo que suceda es que aquellos idólatras papales quieran lavar rápidamente las manchas que tienen en su conciencia, surgidas por su propia cobardía y omisión. Pero ni estas, como tampoco las de semen en las sotanas de los abusadores, se limpian fácilmente. Para hacerlo tienen que aplicar un “jabón” que no conocen, compuesto por transparencia, verdad, y respeto hacia el prójimo, ese que, como en la parábola del buen samaritano, no se cansan de ignorar y abusar.

Notas
(1)      “El Vaticano esquiva las preguntas de la ONU sobre abusos a niños”, en www.sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/16/.../1389868856_124714.html

(2)     “No hay excusa para cualquier forma de violencia o explotación de los niños”, en www.zenit.org

(3)     RODRÍGUEZ, Pepe, Pederastia en la Iglesia Católica, Ediciones B, Madrid, 2002, página 256 y ss.

jueves, 5 de diciembre de 2013

VERDADES CATÓLICAS, MENTIRAS CLERICALES, TORPEZAS POLÍTICAS

El sistema representativo y republicano laico de nuestro país está siendo atropellado - nuevamente - por la corporación religiosa “Iglesia Católica”, grupo de presión que a través del colectivo de obispos utilizan parasitariamente al Estado para imponer su ideología totalitaria.

Lamentablemente, nada hay de nuevo en ello. Históricamente, sus alianzas con los gobiernos de facto y dictaduras militares les permitieron imponer su modelo social a todos los argentinos con las consecuencias ya conocidas.
Un ejemplo reciente lo encontramos en la avanzada clerical/integrista en el Congreso de la Nación, cuyo principal objetivo fue la modificación de aquellas normas contenidas en el proyecto de reforma del Código Civil contrarias a la ideología episcopal para acomodarlas a la “identidad nacional católica”, falacia que integra el rosario de sofismas con que continúan engañando a los argentinos.

La penosa actuación de los legisladores católicos, con aval episcopal, del Vaticano y del propio gobierno K, ha permitido sacar a la luz las mentiras contenidas en un documento llamado “Reflexiones y aportes sobre algunos temas vinculados a la reforma del Código Civil”, elaborado por la C.E.A. el 27 de abril de 2012, por el cual manifestaban su oposición a la mencionada reforma, y que pasamos a analizar brevemente.

Engañifas clericales. En el punto N° 9 pueden leerse cosas como estas: “Como ha dicho Benedicto XVI, “¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proporcionar soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”. Lo que queremos proponer a nuestros conciudadanos en general, y a quienes tienen responsabilidad en el proceso legislativo en particular, no es una imposición religiosa, sino que en la Argentina la ley respete simplemente la verdad de la persona, de la familia y de la sociedad”.

El párrafo transcripto contiene indicadores de peso que reflejan las intenciones “non sanctas” de los obispos argentinos. Veamos.

Moral católica como único fundamento de la política laica. Ya en 2005 el ahora papa emérito Benedicto XVI había dicho - en relación al estado laico - que “es legítima una sana laicidad del Estado en virtud de la cual las realidades temporales se rigen según las normas que les son propias, pero sin excluir las referencias éticas que encuentran su último fundamento en la religión” (1)

La ideológica clerical no deja dudas en cuanto que el fundamento ético de la política debe estar dado por la religión (católica, por supuesto). Es la “famosa” ley moral objetiva”, la que el histérico dios católico habría colocado mágicamente en las mentes de los seres humanos; normas morales que son “accesibles a la razón”, sean las personas creyentes o no. Una especie de “programación” celestial a la que todos y todas debemos responder para no desatar el ya histórico odio y violencia divinas. Esa ley debe ser impuesta a través de las leyes civiles, nos guste o no.

Semejante disparate no sólo es una vil engañifa sino que sus principales consecuencias son fomentar el infantilismo social y la anulación de las individualidades. Augusto Klappenbach lo explica mejor haciendo referencia a Kant: “El pensador alemán sostiene que toda moral que no se fundamente en la decisión autónoma, libre y responsable del ser humano se reduce a obedecer normas impuestas desde fuera y carece de valor ético. Y eso, aun cuando el origen de tales normas sea un mandato divino. Dicho en otras palabras: la mera obediencia a los mandamientos de Dios no implica ningún mérito moral. Los valores morales, para ser auténticos, deben surgir de una decisión autónoma del hombre y no de la obediencia a un mandato externo, cualquiera que sea su origen. Y en este sentido la moral es anterior a la religión: aunque Dios no existiera, los deberes morales no perderían nada de su fuerza”. (2) 

Lo que tampoco se dice son las graves consecuencias que tamaño pensamiento totalitario ocasiona al estado de derecho si los legisladores y gobernantes lo imponen a través de las leyes civiles, resumidas por los especialistas en tres puntos: 1. La injerencia de un jefe de estado extranjero (el papa católico), en los asuntos internos de otros Estados; 2. Los intereses de la Iglesia Católica sobre los intereses del Estado; 3. El poder religioso por encima del poder político, la democracia y la soberanía del pueblo. En palabras del teólogo Juan José Tamayo “el Papa tiene la última palabra en las decisiones de los Estados”.

Este argumento clerical, además de ser falso, causa un daño gravísimo a la república y a la autonomía e intimidad de los ciudadanos, que buscan libremente el sentido de sus vidas.

El papel de la religión en el debate político. El párrafo que comentamos señala otro indicador: el rol de la religión católica (y de sus oligarcas), no es enseñar la ley moral objetiva, que todos podemos conocer; tampoco aportar soluciones políticas (que es lo que contrariamente hacen al influir una ley civil), sino “purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”.

A ver: purificar, es decir, limpiar; e iluminar, o sea, alumbrar. Quieren limpiar y alumbrar la razón de los argentinos, para que mágicamente “descubran” la ley moral objetiva del dios católico, que entra en “panic attack” si no se lo obedece.

Semejante ostentación de arrogancia y cursilería implica pasar por alto cualquier posición intelectual o doctrinaria contraria al pensamiento católico; subestimar las diversas posiciones epistemológicas existentes y aplicables; e infravalorar el pensamiento y subjetividades de los argentinos a los que, prácticamente, se los trata de imbéciles (pero con “amor de madre”, no faltaba más).

La falsedad del argumento de la ley moral natural lo puso de manifiesto Paolo Flores d’Arcais en el debate que tuvo con Benedicto XVI: “… las normas naturales constituirían una suerte de cromosomas del universo y de la realidad. Por lo que se trataría solo, mediante nuestra razón, de descubrirlas y de obedecer a esas normas”. (3)

“Yo creo que eso es absolutamente falso e insostenible” […] “¿Por qué creo que no se puede hablar de una ley natural?” Citando a Pascal, dice: “el hombre ha considerado digno de veneración cualquier norma y su contraria, y hace una lista: parricidio, incesto, etc. cosas terribles, diciendo: hay hombres que las han considerado valores, no sólo las han tolerado, las han considerado verdaderos valores”. (4)

No hay que estar muy despiertos para sostener que el argumento de la ley natural es el intento del clero católico para someter y anular la libertad, la conciencia y la cultura de los hombres.

La Iglesia Católica, abanderada de las “propuestas”. Finalmente, surge la mentira más grande que salió a la luz luego del penoso lobby eclesiástico en el Congreso: “Lo que queremos proponer a nuestros conciudadanos en general, y a quienes tienen responsabilidad en el proceso legislativo en particular, no es una imposición religiosa, sino que en la Argentina la ley respete simplemente la verdad de la persona, de la familia y de la sociedad”. El párrafo no merece mayores comentarios respecto a la vil mentira. Habla por sí mismo.

Tampoco hace falta recordar la triste historia de esta institución que hizo de la imposición su “modus operandi”. La inquisición que inventó, los genocidios en los que participó, las torturas que aplicó, la destrucción de culturas enteras, la obligación del pago de tributos a cambio de indulgencias, todo hecho “en nombre de Dios”, son algunos ejemplos de su misericordiosa actitud de “proponer” su verdad sobre la persona, la familia y la sociedad.

Y en pleno siglo XXI continúan con el mismo método aunque sin recurrir a la violencia física, aunque sí simbólica y psicológica. El método rastrero es tradicional en la institución y su alto clero. Históricamente, les sirvió con Hitler para firmar un Concordato; lo utilizaron con Mussolini, del que lograron la creación del enclave territorial llamado “Estado de la Ciudad del Vaticano”; lo aplicaron con Franco, quien los benefició con la ideología totalitaria llamada “nacionalcatolicismo”; y fue una constante en la última dictadura militar argentina de la que consiguieron, a través de su mayor benefactor, el genocida Videla, los sueldos que disfrutan en la actualidad, pagados con fondos del erario público. En definitiva, es lo que se observó días pasados con el lobby que ejercieron ante los legisladores electos por el pueblo de la Nación.

Pisoteando la república. No es nuevo el lamentable y torpe comportamiento de cierta clase política que anteponiendo su religión a la obligación de legislar para todos, coloca los intereses de la religión por sobre los de la sociedad plural, y permite que prevalezca el capricho de los dirigentes de la “santa madre” que, paradójicamente, aún no firma la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

El encandilamiento que en determinados sectores políticos ha causado el nombramiento de un argentino como papa, posibilita el debilitamiento de las instituciones de la república y del estado aconfesional. Por eso suenan cada vez más hipócritas las palabras del papa Francisco cuando en su visita a Brasil sostuvo: ““La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas”. (5)

La actitud de los legisladores y funcionarios católicos, por un lado, y de los obispos, por otro, demuestran a las claras que, no sólo la política de la Iglesia Católica respecto a una ley laica como es el Código Civil, sino las palabras de Francisco, son otra mentira más: están llevando al Estado argentino a asumir como propia la posición confesional católica, en contra de la creciente laicidad, pluralidad y diversidad social que ya viven miles de argentinos.

Notas

(1) Discurso de BXVI en el Palacio Quirinal al Presidente italiano 24/06/2005, en www.vatican.va/.../hf_ben-xvi_spe_20050624_president-ciampi_sp.html

(2) KLAPPENBACH, Augusto, Relativismo papal, en www.atrio.org/2011/09/relativismo-papal/

(3) Ratzinger, Joseph Alois, ¿Dios existe?,  Joseph Alois Ratzinger y Paolo Flores d’Arcais, Buenos Aires, Epasa Calpe, 2008, p. 64.

(4) op. cit. p. 65

(5) http://www.gacetamercantil.com/notas/36729/%C2%BFblanqueo-del-sepulcro-o-deja-v%C3%B9-cat%C3%B3lico-brasil.html

domingo, 24 de noviembre de 2013

LA REPÚBLICA, PRISIONERA DE LA IGLESIA CATÓLICA

“La religión lo emponzoña todo, incluida nuestra facultad de discernimiento” (1)

La frase de Christopher Hitchens ha recobrado vigencia desde el momento en que el proyecto de reforma del Código Civil y su unificación con el de Comercio está sufriendo los ataques de la Conferencia Episcopal Argentina que, fiel a su historia antidemocrática, contraria a la república y a las libertades laicas, pretende impedir que en el nuevo cuerpo legal se tutelen derechos que tienen que ver con la realidad social argentina, plural y diversa, la misma que convirtió en caduca y retrógrada su ideología.
Nuevamente los obispos católicos se arrogan facultades que ningún habitante de la Nación les otorgó. Nuevamente, ratifican su histórico comportamiento de entrometerse en asuntos de un estado aconfesional como el argentino, contradiciendo lo que ellos a su vez le piden: que no interfiera en cuestiones eclesiásticas, justificado en el principio de autonomía de las instituciones religiosas.

Ciudadanos y ciudadanas deben soportar, otra vez, que representantes de una corporación religiosa digiten normas emanadas de un órgano constitucional, coarten la libertad de elección y decisión de los habitantes, e impongan sus dogmas y doctrinas obsoletas en leyes laicas.
El vergonzoso lobby eclesiástico llevado a cabo no sólo por los prebostes clericales, también por sus huestes autoritarias, exige recordar - una vez más - cuestiones fundamentales que sustentan nuestra sociedad laica y que cierto sector de dirigentes políticos, como los propios obispos, parecen olvidar.

1. La situación jurídica de la Iglesia Católica en nuestro país: sistema de privilegios e institucionalidad parasitaria
Mucho se ha escrito y debatido respecto al estatus que la institución religiosa ocupa en nuestro ordenamiento jurídico: que el catolicismo es la religión oficial; que hay un sustrato axiológico católico en la Constitución Nacional; que existe una “unión moral” entre Estado e iglesia.

Los indicadores normativos dicen otra cosa más allá de sus interpretaciones, a saber:
a) En la Argentina no hay religión oficial ni de Estado. A diferencia de las constituciones de 1819 y 1826 que consagraban al catolicismo como religión oficial y disponían la protección de la iglesia por parte del Estado, el actual art. 2 de la Constitución Nacional sólo declara la obligación de sostenimiento que, conforme interpretación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y de la propia iglesia en el “Plan Compartir”, es de carácter económico.

b) Si bien no hay religión oficial que obligue al Estado a legislar conforme los dogmas católicos, sí existe un infame sistema de privilegios a favor de la Iglesia Católica que se asienta en cuatro pilares: el mencionado artículo 2 de la C.N.; el artículo 33 del Código Civil; el Concordato firmado entre Argentina y la Santa Sede en 1966 (que posibilita la creación de un enclave jurídico católico dentro del ordenamiento jurídico nacional, lesionando la supremacía constitucional); y el conjunto de “leyes” con que la última dictadura militar benefició a la iglesia, sobresaliendo, la que dispone que los argentinos y argentinas paguemos, a través de partidas presupuestarias, una “asignación” a cada uno de los obispos católicos.
En 30 años de democracia la sociedad argentina aún no puede poner en su lugar a la institución más antidemocrática del planeta, la que cada vez que tuvo oportunidad pisoteó la Constitución Nacional, prefiriendo las dictaduras a las democracias. Tampoco ha podido  plasmar la igualdad religiosa institucional, entendida como el similar trato que el estado debería deparar a todos las entidades religiosas que residen en su territorio.

2. La Iglesia Católica en el Código Civil: un estado dentro de otro estado
El antiguo artículo 33, que enumera a las personas jurídicas públicas, incluye a la Iglesia Católica junto al Estado nacional, las provincias, los municipios y las entidades autárquicas.

En su redacción original el Código no contemplaba a la iglesia como una persona jurídica pública ya que el codificador no distinguió entre estas y las privadas.  Fue en el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía donde a través de la ley 17.711 se introdujo la referida distinción.
El punto es que, en el actual proyecto de reforma, la Iglesia Católica continúa como persona jurídica pública no estatal. El nuevo artículo lleva el número 146 y contra él la Conferencia Episcopal Argentina no ha emitido la más mínima opinión, obviamente, porque satisface sus intereses políticos y económicos.

¿Por qué no tiene que figurar la institución religiosa en el Código Civil? Por la sencilla razón que no le son aplicables los caracteres que tienen las personas jurídicas públicas, entre ellos:
a) Son entes creados por toda la sociedad, que permiten que esta se organice jurídicamente mediante un acto constituyente, por ejemplo, el Estado o las provincias.

b) Tienen al interés público como fin primordial, están destinadas a  satisfacer intereses generales de la sociedad.
c) Poseen potestad de imperio, entendida como un poder ordenador coactivo, que si bien se observan en personas jurídicas de carácter privado, en el caso de la iglesia sólo es aplicable a sus miembros.

Como se habrá observado, la Iglesia Católica no ha sido creada por el pueblo argentino, no satisface el interés general (la oposición que hacen los obispos a la reforma del Código así lo demuestra) sino el de los católicos practicantes, y sólo puede ejercer poder sobre sus integrantes.
3. Razones que nutren los privilegios: perimidas e insostenibles desde lo epistemológico

Los sectores que justifican la situación de privilegio del catolicismo en nuestro país se apoyan en una serie de argumentos, que sintéticamente son los siguientes:
a) La mayoría de población católica existente en el país desde tiempos pretéritos (factor sociológico).

b) La actuación y participación del catolicismo en los momentos fundantes de la Nación (factor histórico).
c) Los antecedentes legislativos del pueblo argentino (factor normativo).

d) Las tradiciones y costumbres de la sociedad (factor consuetudinario).
e) La valoración que se hace del catolicismo como religión “verdadera” (factor ideológico).

f) El vínculo político entre los diversos gobiernos y la jerarquía eclesiástica (factor político).
g) Los aportes a la cultura y moral del catolicismo (factores cultural y moral).

Esa es la línea de pensamiento defendida por la Conferencia Episcopal Argentina al hacer un examen crítico del proyecto de reforma: “El Código Civil por su carácter estable y modélico, al definir obligaciones y derechos de las personas e instituciones no es algo neutro, sino que a través de él se expresan doctrinas o corrientes de pensamiento que van a incidir en la vida de los argentinos. Junto a las necesarias actualizaciones que la reforma busca realizar, creemos que el nuevo Código debe tener en cuenta la riqueza de nuestras tradiciones jurídicas y constitucionales, como los principios y valores que hacen a nuestra vida e identidad” (2)
Sin embargo, y a pesar que los sectores clericales pretenden “naturalizarlos”, ninguno de ellos resiste el menor análisis epistemológico por la imposibilidad de sostener la existencia de conceptos y factores “naturales”, inmutables, no revisables críticamente. Todos ellos han sufrido cambios y modificaciones como consecuencia de los procesos históricos, políticos y sociales que atravesó el país.

La lectura del documento no deja dudas respecto a las “doctrinas o corrientes de pensamiento que van a incidir en la vida de los argentinos”. De aprobarse el proyecto con las reformas “pedidas” por la iglesia, será la ideología católica la que se imponga y el modelo social de la última dictadura militar, avalado por ella, seguirá vigente.
4. Las mentiras tienen patas cortas… y se visten con sotana

En 2012 el “partido clerical” elaboró declaraciones y documentos para oponerse al proyecto de reforma, sobre todo, en materia de familia, institución de la que se autoproclama propietaria exclusiva.
Con el empalagoso y cursi tono paternal de siempre, sostuvieron los obispos: “La Iglesia, que es parte integrante de la sociedad, siente la obligación moral de hacer oír su voz. Somos portadores de una herencia y responsables de hacernos eco de las voces de millones de hermanos que a diario nos confían sus preocupaciones, alegrías, dificultades y esperanzas. La Iglesia Católica siente que tiene el derecho y el deber de hacer conocer a toda la sociedad su pensamiento en estas delicadas materias, proponiéndolo a través de una argumentación razonada y fundada” (3)

Ya se conoce la “herencia” que trajo bajo el brazo la Iglesia Católica, no hace falta recordar siglos de sangre, genocidios e ideología autoritaria. Ya se sabe que los obispos sólo son “eco” de un sector minoritario de creyentes, en especial, del integrismo del que forman parte, circunstancia comprobada por las últimas investigaciones sociológicas y la propia realidad del país.
Pero lo que representa una alevosa mentira es sostener que vienen a “proponer” reformas al proyecto. Los últimos hechos acaecidos en el parlamento argentino, donde expresamente enviaron a sus émulos a cambiar normas proyectadas, demuestran todo lo contrario. Ahí volaron las caretas, y se mostraron tal cual son: portadores de un mensaje totalitario que no duda en pisotear los valores republicanos y laicos, que debe ser impuesto a través de las leyes civiles.

La mentira e hipocresía quedan más expuestas cuando se compara aquél mensaje con lo dispuesto en la Declaración Dignitatis Humanae - sobre la libertad religiosa - del Concilio Vaticano II: “… la autoridad civil debe proveer a que la igualdad jurídica de los ciudadanos, la cual pertenece al bien común de la sociedad, jamás, ni abierta ni ocultamente, sea lesionada por motivos religiosos ni que se establezca entre ellos ninguna discriminación” (4)
5. La cuestión política: legisladores con amnesia, chauvinismo  por Francisco, república prisionera del clericalismo

Los hechos sucedidos en el Congreso de la Nación demuestran que la Argentina sigue prisionera de la institución más antidemocrática del planeta, y que los intereses del papa católico están sobre los de los ciudadanos argentinos, creyentes o no.
Contribuyen en esta calamidad un sector de la dirigencia política que, anteponiendo su religión a los actos que deben llevar a cabo en beneficio de todos, actúan como “mini curas”, y olvidan que la legitimidad que poseen se las otorgó no el papa ni los obispos católicos sino el pueblo mediante el ejercicio de su soberanía.

La grave lesión al principio de representación y soberanía del país es alimentada por la designación del cardenal Bergoglio como papa. El hecho produjo que buena parte de la dirigencia política del país mostrara un infantil chauvinismo y desfilara por el Vaticano a obtener “su” foto con el monarca teocrático.
Ante ese panorama, surge con más fuerza la gran asignatura pendiente en nuestro país: la laicidad como objetivo social e inclusivo que permita la emancipación del estado de las organizaciones religiosas, cuestión que la dirigencia decididamente no entiende, y si la entiende, mira para otro lado.

Como sostienen los especialistas “… en la visión de Estado que la clase política proyecta, la laicidad no es un ingrediente constitutivo. La baja receptividad del ideario del Estado laico es la contracara de la “naturalización” de la presencia pública de la Iglesia Católica y de su ascendencia en materia de educación y planificación familiar y sexual. Así las cosas, el proceso de laicización estatal no ha acompañado necesariamente el recorrido de la secularización societal” (5)
Si es real lo que sostiene Hitchens en cuanto que “La religión lo emponzoña todo…”, serán las libertades laicas, el pluralismo ético, y la autonomía de las mujeres y varones, los antídotos imprescindibles para contrarrestar el daño y los efectos nocivos que los obispos católicos siguen produciéndole al país.

La sociedad argentina hace tiempo dejó de hacer la genuflexión, dando muestras que se puede vivir con mayor libertad, prescindiendo de dogmas y del veneno religioso. Quienes aún no se enteraron son sus representantes en el Congreso de la Nación, principales responsables de sacar al país de la jaula religiosa cuyos barrotes oxidados son barnizados una y otra vez, como diría Almafuerte, por los “rufianes del dolor eterno”. 

Carlos Lombardi, Profesor de Derecho Constitucional (FD-UNCuyo).

Notas
(1) Hitchens, Christopher, dios no es bueno, Buenos Aires, Debate, 2008, p. 37.

(2) C.E.A., "Reflexiones y aportes sobre algunos temas vinculados a la reforma del Código Civil", pto. 2, en www.aica.org/1411-reflexiones-aportes-sobre-algunos-temas-vinculados...
(3) Op. cit. pto. 5.

(4) Declaración Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa, pto. N° 6, en www.vatican.va/.../ii.../vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.ht...
(5) Esquivel Juan Cruz, Setton Damián, Vezzosi José, Atlas de las creencias religiosas en la Argentina / dirigido por Fortunato Mallimaci, Buenos Aires, Biblos, 2013, p. 179.

 

EL ESPÍRITU DE TARTUFO EN LA IGLESIA DE FRANCISCO

Desde que fue electo, el papa argentino es noticia por sus “revolucionarias” declaraciones sobre diversos aspectos que atañen a la sociedad secularizada y, sobre todo, a la institución que dirige. Proyectos de reformas en la estructura vaticana, cambios en su entidad financiera y supuesta apertura en el pensamiento, es lo que destacan los medios de comunicación. Sus apologistas hablan de “revolución cultural”. 

La cuasi implosión de la iglesia católica fue causa no sólo de un hecho histórico (la renuncia de Benedicto XVI porque “no le daban las fuerzas”), sino que impulsó de inmediato un objetivo liminar de dicha corporación religiosa: “proteger a como dé lugar la imagen pública de la institución”, en palabras de Jorge Erdely. Dicho en el lenguaje del periodismo confesional: “sacar a la iglesia del ojo de la tormenta”. Cambio de imagen.
La acérrima defensa de la institución, cuya milenaria existencia el clero la explica mediante un mito devenido en dogma, trae a la memoria lo que Pierre Bourdieu denominó “capital simbólico”, y que Elio Masferrer formula así: “menos capital simbólico equivale a menos credibilidad y menos influencia política y social”. (1)

Hasta ahora, Bergoglio viene trabajando para cumplir ese objetivo prioritario a través de un show mediático de gestos demagógicos, para todos los gustos y edades, lo que llevó a algunos periodistas a llamarlo el “gran gesticulador”. (2)
Tartufo nuevamente a escena

Pero el cambio de imagen y la demagogia son una máscara. Mientras los ingenuos, crédulos e idólatras de la figura papal siguen encandilados por tanto fuego artificial con olor a incienso, el espíritu del personaje de Molière vuelve al escenario.
Los exégetas papales lo anuncian con bombos y platillos: “Porque la revolución que se propuso es si se quiere cultural, fundamentalmente actitudinal. O sea, dejar atrás un extendido espíritu inquisitorial, culposo, triste y reglamentarista (léase un catálogo de prohibiciones) del catolicismo, macerado durante siglos, para colocar en el centro la esencia del Evangelio: el amor, y así privilegiar la cercanía a la gente y la comprensión” […] “Y haciendo, en fin, que la Iglesia sea una acogedora casa de todos. Pero para ello no traiciona las creencias y preceptos, sino que cambia el orden de prelación: Primero el Evangelio, después la doctrina y, finalmente, las normas morales. Y todo sin juzgar, sino buscando comprender y perdonar” […] "No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible". Y redondea: "Ya conocemos la opinión de la Iglesia (…) y no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar". (3)

Veamos: “Primero el Evangelio”, es decir, el mensaje que la iglesia católica ha manipulado históricamente en defensa de los intereses clericales; “después la doctrina”, léase la ideología católica, elaborada sólo por obispos y papas, absolutamente alejados de la realidad de mujeres y varones, con pretensiones de ser impuesta a través de las leyes civiles como es el caso de la Argentina; “finalmente, las normas morales”, contenidas en la llamada “ley moral natural”, rechazada por la mayoría de bautizados, también con ínfulas de convertirla en fuente de las leyes laicas, cuyo principal efecto no es otro que infantilizar personas, obligadas a satisfacer al neurótico dios católico.
Es decir, detrás de la demagogia papal lo que hay es más de lo mismo, pero maquillado con “buena onda” e impronta criolla. Evangelio, doctrina y normas morales siguen vigentes porque como el propio Bergoglio sostuvo, “Ya conocemos la opinión de la Iglesia (…) y no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.

Corrobora lo que sostenemos la opinión del relator general del sínodo extraordinario de 2014 sobre la familia, cardenal Peter Erdo, arzobispo de Budapest, quien respecto a las cuestiones de familia y matrimonio religioso advirtió que dicha asamblea no debe entenderse para "cambiar la doctrina católica sino la manera de encarar esas situaciones". (4)
Detrás de la aparente actitud piadosa, comprensiva y misericordiosa, está el crudo, inhumano y discriminatorio pensamiento de la institución, la ideología episcopal, la que no se ha modificado ni un milímetro, oculta en los discursos papales (por ahora). Al decir de Eugen Drewermann “piedad de funcionario” en estado puro.

La ideología detrás de la máscara
Nunca como ahora, se destaca el carácter ideológico del pensamiento episcopal, inactual y caduco, por los incontables cambios sociales. Puede apreciarse en las 38 preguntas que el Vaticano envió a las Conferencias Episcopales sobre familia y matrimonio, publicitadas por los medios como algo “histórico”, cuando es práctica común de la institución antes de cualquier Sínodo.

El maquillaje demagogo no ha rozado siquiera la cuestión ideológica que no tiene cambios, y difícilmente los tenga ya que hay un obstáculo insalvable: el pensamiento del ideólogo mayor del catolicismo y fundador intelectual: Pablo de Tarso, inventor del concepto de Cristo, en palabras de Michel Onfray.
“Pablo se adueña del personaje conceptual, lo viste y lo provee de ideas” […] “Me complazco en las debilidades, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y en las angustias por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Reconocimiento de la lógica de compensación en la que se encuentra inmerso el histérico en el camino de Damasco. A partir del deterioro de su fisiología, Pablo milita en un mundo que se le parezca.

El odio a sí mismo se transformó en un intenso odio al mundo y a lo que constituía su interés: la vida, el amor, el deseo, el placer, las sensaciones, el cuerpo, la carne, la alegría, la libertad, la independencia, y la autonomía. El masoquismo de Pablo no es ningún misterio. Sometió su vida entera a las penurias”. (5)
¿Cómo hará Francisco para eliminar la principal fuente de pensamiento del catolicismo?

Tartufo: inspirador de los obispos argentinos
Dejar atrás el “espíritu inquisitorial, culposo, triste y reglamentarista… para colocar en el centro la esencia del Evangelio: el amor, y así privilegiar la cercanía a la gente y la comprensión”, es un mensaje “pour la gallerie”, para hacer atractiva a la institución religiosa y que vuelvan los que se fueron. Si el comportamiento “a lo Tartufo” se mantuviera dentro del mundo católico sería sólo una cuestión a resolver por ese colectivo.

El problema es que la actitud impostora del personaje de Molière sale de la institución, se proyecta a la sociedad secularizada, y pretende tener influencia en políticas públicas y normas jurídicas de los países, convirtiendo a su “evangelio, doctrina y normas morales” en fuente de las leyes. Es lo que ocurrió días pasados con el lobby de la Conferencia Episcopal Argentina respecto a la Reforma del Código Civil.
Detrás de la máscara construida por Francisco siguen estando los documentos que en 2012 elaboraron para defender “los principios y valores que hacen a nuestra vida e identidad”, el tristemente famoso “ser nacional católico”.

Los émulos del personaje teatral que trabajan en el parlamento argentino cumplieron a la perfección las instrucciones del Vaticano contenidas en la “Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política” - no derogada por Francisco -, que sostienen: “… debe ser salvaguardada la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal”. (6)
Se leyó bien: “A la familia [católica] no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal”. Aplíquese esta instrucción a otras cuestiones de familia tratadas en el proyecto (fertilización asistida, divorcio, matrimonio igualitario, etc.).

Con una desfachatez total la oligarquía clerical ordena a sus huestes que impongan a todos los ciudadanos argentinos un pensamiento que ni sus propios miembros adhieren. Con su tosca insolencia convierten a legisladores electos por el pueblo argentino en representantes del papa católico. Atropellan el poder político de un estado soberano y le imponen su fraudulento poder religioso. Pretenden que los intereses del último monarca absoluto del planeta estén sobre los intereses de la Nación.
Dice Bergoglio: "No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible". Y redondea: "Ya conocemos la opinión de la Iglesia (…) y no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar". Pero la mentira tiene patas cortas, y quedó en evidencia en el Congreso de la Nación.

Así como Tartufo dividió a la familia de Orgón, los obispos católicos dividen a la sociedad argentina.
Migajas clericales, modelo hipócrita

La “revolución cultural” en palabras de los exegetas bergoglianos, cuya última novedad es el Sínodo de los Obispos sobre la Familia 2014 precedido de una encuesta “revolucionaria”, son sólo migajas que el clero le concede al laicado. Este colectivo sigue siendo un rebaño obediente y despersonalizado, confirmando el pensamiento de Pío X para quien «Solamente el colegio de los pastores tiene el derecho y la autoridad de dirigir y gobernar; la masa no tiene ningún derecho a no ser el de dejarse gobernar cual rebaño obediente que sigue a su pastor». Y a la masa, se la entretiene con demagogia mientras se la sigue insultando con la doctrina.

A pesar de los halagos, la “buena onda”, y los gestos “buenos”, el modelo institucional seguirá siendo netamente clerical por la sencilla razón que una oligarquía no resigna poder, mucho menos, ante quienes son calificados por el Código de Derecho Canónico como “súbditos”.
Toda la estructura institucional está armada para fomentar la manipulación de la conciencia de los sujetos. No hay en el discurso de Bergoglio una sola letra que promueva la autonomía de la conciencia. La institución continuará funcionando por sobre y hasta en detrimento de los derechos subjetivos de las personas.

Para que hubiera un cambio sincero y auténtico, el catolicismo romano debería volver al cristianismo que abandonó en el siglo IV dC, punto de partida de su constante política de prostitución con gobiernos de todos los signos, en particular, con los dictatoriales, de los que recibió no pocas prebendas.
“… que la Iglesia sea una acogedora casa de todos” […]  sin juzgar, sino buscando comprender y perdonar” […] pero sin traicionar “las creencias y preceptos”.

La farsa de Tartufo no podría estar mejor interpretada.

Carlos Lombardi.

Notas
(1) Erdely, Jorge, Pastores que abusan, en www. es.scribd.com/doc/173517739/Pastores-Que-Abusan-169124717

(2) Caparrós, Martín, “Dura columna de Caparrós: el papa es "manipulador" y "peronista”, en http://www.mdzol.com/nota/499586/
(3) Rubín, Sergio, “El mensaje del Papa Francisco provoca una revolución cultural”, en www.clarin.com/.../mensaje-Papa-provoca-revolucion-cultural_0_99770...

(4) http://www.losandes.com.ar/notas/2013/11/6/papa-divulgo-cuestionario-para-conocer-familia-moderna-748612.asp

(5) Onfray, Michel, Tratado de Ateología, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2005, p. 159.
(6) www.vatican.va/.../rc_con_cfaith_doc_20021124

domingo, 20 de octubre de 2013

¡BASTA DE INTOLERANCIA, BASTA DE IMPUNIDAD! ¡ESTADOS LAICOS, PERSONAS LIBRES!

Comparto declaración publicada en el Blog laciudaddelasdiosas.blogspot.com




En abierta interferencia, la Conferencia Episcopal de Chile, presidida por el Arzobispo Ezzati, ha solicitado públicamente al Presidente de la República no ratificar la Convención Interamericana contra toda Forma de Discriminación e Intolerancia [1] la que busca fomentar y estimular el respeto y la observancia de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los individuos y grupos [2] discriminados.Se arroga así la autoridad moral de ‘aconsejar’, desde su particular óptica valórica, sobre lo que sería bueno o malo para la sociedad chilena diversa, y señala a las autoridades públicas las “innumerables dificultades” que podría acarrear su suscripción.

Menciona cuatro observaciones: la citada Convención sería innecesaria, excedería al derecho chileno vigente, importaría un riesgo directo a la libertad de religión y otras libertades y ampliaría la competencia de la Corte Interamericana (CIDH) de forma “peligrosa”.
 
Los acuerdos de los organismos internacionales se adoptan por los Estados allí representados, el Vaticano tiene presencia en ellos, por tanto todos los Estados tuvieron oportunidad de conocer los argumentos de la Iglesia Católica. Ninguna institución nacional tiene derecho a interferir en la implementación de acuerdos internacionales a través de gestiones nacionales.
No podemos más que denunciar, rechazar y repudiar este acto de intromisión violento y autoritario.
 
La tradicional y arcaica oposición de la jerarquía eclesiástica católica respecto de instrumentos internacionales que resguardan los derechos humanos y promueven la igualdad para todas y todos, nos retrotrae a hechos recientes tales como el encubrimiento de esta jerarquía respecto de abusos cometidos por varios sacerdotes a lo largo del país, así como también el silencio y la negligencia del actual arzobispo y del Cardenal Errázuriz respecto de las denuncias de los jóvenes abusados por el cura Karadima.
 
El Estado de Chile no puede ni debe aceptar las presiones de las Iglesias. Como Estado laico, le corresponde asumir sus responsabilidades por el bienestar de su población con absoluto respeto a las libertades.
 
 
No aceptamos esta intromisión, ni olvidamos el hecho que desde 1925 se consagró en Chile la separación iglesia y Estado, y se estableció la no intromisión de la iglesia en asuntos públicos, además de garantizar la libertad de culto.
 
No aceptamos que se pase por encima del trabajo que las organizaciones feministas realizamos en la defensoría de los derechos humanos de las mujeres, haciendo aportes, vigilancia y seguimiento en estas materias. Las Convenciones son instrumentos internacionales de protección y garantías que requieren tanto o mayor respeto que las legislaciones nacionales, ya que han emanado de compromisos de la comunidad global. Los países firmantes acuerdan dar cumplimiento a las mismas, comprometiéndose a dar coherencias al ordenamiento legal y dichas convenciones. ¿Eso es lo que teme, precisamente, esta jerarquía?
 
También por su directa presión el Estado chileno se ha negado a ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, CEDAW, que permitiría una mayor diligencia en las denuncias de quienes se sienten afectadas en sus derechos. En su último exámen [3] el Comité de la CEDAW instó al Estado Chileno a avanzar en su ratificación y responder así a las demandas de la sociedad civil organizada y de las organizaciones de mujeres en particular. Esto no ha ocurrido, y Chile continúa en un vergonzoso rezago en la comunidad internacional.
 
Una vez más la jerarquía eclesiástica chilena pretende decidir por el País, ejercer el tutelaje e imponer sus mandatos.
 
Por todo ello, llamamos a denunciar a los grupos fácticos de poder que se atribuyen el derecho de influir sobre la política pública y sobre la moral social desde un enfoque dogmático e inquisitorial. Exigimos al gobierno informar sobre los órganos internacionales de tratados y dar cumplimiento a los compromisos internacionales contraídos.
 
Instamos a respetar la libertad de decidir de todas las personas, independiente al sexo, orientación sexual, identidad de género, raza/etnia, religión, lugar de origen, edad, situación socioeconómica, o cualquier otra condición.

 
¡BASTA DE INTOLERANCIA, BASTA DE IMPUNIDAD!
¡ESTADOS LAICOS, PERSONAS LIBRES!

Contactos:
Soledad Acevedo Arenas 9/383 6050
Adriana Muñoz Gómez 9/743 0422



[1] Levantada en la 43° Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), junio de 2013.
[2] Convención Interamericana Contra Toda Forma de Discriminación e Intolerancia (2013) Introducción: LOS ESTADOS PARTES DE LA PRESENTE CONVENCIÓN párrafo tercero.
[3] 53° Reunión de la CEDAW, 1 y 2 de octubre de 2012, Ginebra, Suiza.