sábado, 10 de enero de 2015

LA RELIGIÓN COMO ENAJENACIÓN

Nuevamente la violencia religiosa islámica. Otra vez el asesinato en nombre de dios y contra las libertades laicas. De nuevo, justificada en el torpe argumento de “no ofender los sentimientos religiosos”. Otra vez, el terrorismo que no tiene ningún problema en presentar la imagen de un dios sangriento, el mismo al que le rezan los otros dos monoteísmos históricos.
No se equivocó Chiristopher Hitchens cuando sostuvo en un capítulo de su obra que la “religión mata”, relatando sus experiencias en ciudades como Belfast, Beirut y Belgrado, entre otras, donde se asesinaba por convicciones religiosas. “En Belfast he visto calles enteras quemadas por la batalla campal sectaria entre diferentes facciones cristianas…”. En Beirut… “el principal partido cristiano era en realidad una milicia católica denominada Falange…”; la cuestión en Belgrado (hasta la década de 1980, capital de Yugoslavia), se centraba “en la creación de un Estado títere de los nazis, centrado en Croacia, que gozaba del amparo del Vaticano y que con toda naturalidad trataba de exterminar a todos los judíos de la región, pero que también desarrolló una campaña de conversión obligatoria dirigida a la otra comunidad cristiana” (se refería a los cristianos ortodoxos, la mayoría serbios) (1).  
Ahora le tocó el turno a un semanario francés que utiliza el subgénero de la sátira como medio de expresar su crítica y disconformidad contra diversos aspectos del islam y sus dirigentes. Subgénero demoledor, sobre todo, en materia política. Y de nuevo, la violencia.
Desde varios puntos de vista puede hacerse el análisis del asesinato de los periodistas: la cuestión geopolítica del islam en Europa (y de las religiones en general); su influencia en las relaciones internacionales; cómo y por qué se benefician algunos líderes mundiales; el conflicto entre libertad religiosa y libertad de expresión; el problema del sentimiento religioso como obstáculo para el ejercicio de libertades esenciales. Hay otros, también vigentes, que interesan destacar brevemente.
1. La violencia “divina” en el ADN de los monoteísmos
De todos los escenarios culturales donde se desarrolla la existencia humana, el religioso es donde se observan y concentran casi todos los matices de la violencia: simbólica, física, psicológica, económica, institucional. Tremenda paradoja ya que, supuestamente, el mensaje que portan los credos busca la felicidad de los hombres. Y el sector más afectado, gracias al dios patriarcal, es el femenino. No en vano, los especialistas reiteran que los monoteísmos históricos han representado a las mujeres como santas, madres, putas o tontas.
Fue la activista y escritora Ayaan Hirsi Ali quien advirtió que las reformas al islam son falsas y “pronto se dio cuenta de que el problema era la fe en sí” (2). El proceso de “conversión” de la escritora hacia la no creencia fue doloroso. “No entendía que si Alá era realmente compasivo y omnipotente pudiera tolerar, y hasta exigir, que me pusiera detrás de mi hermano para rezar, y obedeciera sus caprichos, ni que los tribunales considerasen que mis declaraciones tenían intrínsecamente menos valor que las de él” (3).
Elección del futuro marido; mutilación genital; crueldad clerical; barbarie etnoreligiosa son algunas de las proyecciones de la violencia hacia las mujeres que sostienen no pocos sectores de aquella religión. Y lo que se observó en Francia no extrañó. El terrorismo utiliza el delito de blasfemia para manifestar su ira y “corregir” a los infieles, no importa si son varones, mujeres o niños.
La violencia religiosa tiene su fuente en los sistemas jurídicos que regulan las religiones, en particular, en el derecho divino, núcleo de los mismos. En el caso del islam la mediación humana es ínfima: las normas dictadas por Alá deben cumplirse. En el caso del catolicismo romano, por ejemplo, la mediación humana es central ya que sirve como medio de control y sojuzgamiento de las conciencias, y con un objetivo clave: la salvación. Así funcionan estas especies de sistemas jurídicos, sustancialmente, contrarias a derechos humanos.
Violentos no son sólo ciertos sectores del islam: el catolicismo romano conserva tanto en sus normas como en numerosos versículos de las sagradas escrituras pasajes que son un culto a la violencia en cualquiera de sus matices.
Pepe Rodríguez sistematizó, milimétricamente, los versículos de la biblia católica que relatan conductas y hechos violentos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos, entre ellos: muerte violenta, apedrear, lapidar, degollar personas, acuchillar, matar a filo de espada; relatos de guerra, sean asedios, entregar Dios un ejército o pueblo a sus enemigos; exterminios masivos, aniquilamientos; expolio de bienes ajenos, saqueos, botines y apropiación de tierras y bienes de los pueblos vencidos en una batalla; esclavitud, sometimiento y compra-venta de personas; sentimientos y hechos violentos contra el prójimo, sea por venganza, desprecio, odio religioso, o cólera; violencia contra las mujeres sea mediante la violación, el concubinato, mujeres como botín, prostitución y asesinatos masivos (4).
Todo esto está vigente, y el argumento que exige no descontextualizar para una “sana” hermenéutica no pasa de ser una falacia. Quienes no descontextualizaron fueron - en cada período histórico - pasados a degüello, o llevados a la hoguera como infieles, herejes o apóstatas.
2. La violencia “profana”, imagen de dios y la espiral sin fin
Pero las religiones también sufren violencia, sea de parte de otras, como de sectores no religiosos. Es lo que ocurre con los cristianos en Extremo y Medio Oriente, donde son perseguidos y asesinados por sectores musulmanes, sobre todo, por el nuevo Estado Islámico cuyos fundamentalistas no les tiembla el pulso a la hora de asesinar en nombre de su religión.
La espiral violenta no cesa porque entra a tallar la imagen del dios que se defiende. Aquí se entra en un callejón sin salida porque las imágenes de la deidad creadas por los hombres son casi infinitas.
El dios de los monoteísmos, sobre todo el judeo-cristiano, tiene cientos de imágenes, todas utilizadas en beneficio de los intereses más diversos. Sino habría que preguntarles a los genocidas Hitler, Mussolini, Franco, Videla y Pinochet en qué dios creían y con qué religión tranzaron. Bush hijo llamó a luchar contra el “eje del mal”, en un discurso en clave religiosa/política y como respuesta a Bin Laden quien también “alabó” a su dios estrellando aviones contra dos rascacielos, con miles de muertos.
Hay otras imágenes: la del “pantocrátor”, el dios de los ejércitos utilizada hasta el hartazgo por las dictaduras militares latinoamericanas y que avaló el genocidio, la tortura y el robo de niños; el “dios del agujero”, en palabras del jesuita Carlos G. Vallés, aquél al que recurren los creyentes cuando sus vidas “se les va de las manos”. Está el dios de los hinduistas en sus tres modelos (dios de la devoción, de la negación y de la acción); está el no-dios del jainismo, y la cuenta sigue…
La imagen de dios que se tenga es elemento clave para explicar los actos de violencia, siempre en su defensa, contra los que hieren los sentimientos de los fieles. Curiosamente, la mayoría de ellas con componentes antropomórficos (como el dios del clero católico, creado a su imagen y semejanza, y cuyo primer ideólogo fue el misántropo Pablo de Tarso).
3. El sentimiento religioso y el “olvido” del papa Francisco
Además del fundamental factor geopolítico, el atentado contra Charlie Hebdo volvió a centrar la atención en la cuestión del sentimiento religioso y su oposición a la libertad de expresión. Fanáticos “ofendidos” no sólo aparecieron en tan lamentable atentado terrorista. Los encontramos a la vuelta de la esquina.
Es un hecho detectado por los sociólogos que en nuestra época la base de la experiencia religiosa sea lo emocional y lo sentimental. Aunque no es nuevo. Fue Bertrand Russell quien sostuvo que “no son los argumentos racionales sino las emociones las que hacen creer en la vida futura”. Mientras que Ludwig Feuerbach consideraba que “la esencia del cristianismo es la esencia del sentimiento. Es más agradable para el sentimiento ser pasivo que actuar, ser redimido y liberado por otro que liberarse a sí mismo; es más cómodo hacer depender la salvación de otra persona que de la fuerza de actividad de uno mismo” (5).
Ahora bien, que un grupo de personas se sienta “ofendido” por caricaturas basadas en la sátira como subgénero contra un profeta religioso ¿justifica matar a los “ofensores”?
En nuestro país la violencia de los ofendidos tuvo respuestas diversas, dependiendo de los casos. Célebre fue el de “Ekmekdjian”, jurista que se sintió agraviado por las palabras de un escritor hacia una virgen católica. Los casos más comunes - y que aparecen cíclicamente - son los que lleva a cabo el integrismo católico cada vez que una muestra artística no es “políticamente correcta”.
Paradigma de ello fue la muestra retrospectiva del artista León Ferrari en Buenos Aires en 2004. En esa circunstancia, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, se levantó en contra de la muestra (con similar “sentimiento” que el grupo islámico de París), en contra de la libertad de expresión y sostuvo: “Hoy me dirijo a ustedes muy dolido por la blasfemia que es perpetrada en el Centro Cultural Recoleta con motivo de una exposición plástica. También me apena que este evento sea realizado en un Centro Cultural que se sostiene con el dinero que el pueblo cristiano y personas de buena voluntad aportan con sus impuestos", añadió el purpurado. Y exhortó a que "frente a esta blasfemia que avergüenza a nuestra ciudad, todos unidos hagamos un acto de reparación y petición de perdón el próximo 7 de diciembre", vísperas del Día de la Inmaculada Concepción” (6).
Once años después, como papa Francisco, salió a condenar como “execrable” el asesinato de periodistas de Charlie Hebdo, pero se “olvidó” de condenar, también, el atentado contra la libertad de expresión. Coherencia clerical en estado puro.
4. Monoteísmo, dios absurdo y enajenación
El caso Charlie Hebdo, lamentablemente, no será el último. El terrorismo religioso de base monoteísta, no descansa, ni Europa, ni en América.
“Hasta ahora la religión siempre había sobrevivido a las religiones”, decía Georg Simmel. En pleno siglo XXI sigue matando, los cuerpos, las mentes, el espíritu, en nombre de la imagen de una deidad creada por los hombres. El vínculo con esa imagen que se considera sagrada es la que crea el “sentimiento”… y es lo que también lleva a matar.
En nombre de un dios absurdo y sanguinario - que sigue presente en las escrituras “sagradas” - el terrorismo de cualquier credo sigue matando libertades - demasiadas -; su dios - cualquier dios -, así lo pide.
“Parece que la idea es que debería buscar una religión mejor y más humana que el islam en vez de refugiarme en la incredulidad”, decía Ayaan Hirsi Ali. Pero rápidamente cayó en la cuenta que la enajenación la iba a encontrar en cualquiera que buscara: “¿Una religión de serpientes que hablan y jardines celestiales? […] La postura cristiana ante el fuego del infierno parece menos dramática que la visión musulmana con la que he crecido, pero el pensamiento mágico cristiano no me atrae más que los ángeles y djinns de mi abuela” (7).
En definitiva, la joven optó por la libertad en vez de una “escatología de locos, con su pulsión de muerte y su profundo desprecio de la actividad mental” (Hitchens); optó por el único mundo que tenemos, en vez de una “dictadura celestial” que el terrorismo religioso no se cansa de proclamar.

Notas
(1) Hitchens, Christopher, dios no es bueno, 1º ed., Bs. As., Debate, 2008.
(2) Hitchens, Christopher, Dios no existe, Buenos Aires, Debate, 2009, p. 643.
(3) Op. cit., p. 644
(4) Rodríguez, Pepe, Mentiras fundamentales dela Iglesia Católica, Barcelona, Ediciones B, 2011, p. 82.
(5) “La esencia del cristianismo”, en www.enxarxa.com/.../FEUERBACH%20La%20esencia%20del%20cristia...
(6) “La Iglesia advirtió que la muestra de Ferrari "es una blasfemia", en http://www.lanacion.com.ar/659247-la-iglesia-advirtio-que...
(7) Hitchens, op. cit. p. 647

SOTANAS EN LUCHAS INTESTINAS

El 2015 será un año clave en el papado de Francisco ya que tendrá que apuntalar los procesos de reforma que inició - cuyos resultados en 2014 fueron pobres -, pero sobre todo, será interesante para observar el movimiento interno de oposición que enfrenta al pontífice.
En el mismo se enrolan distintos grupos de poder clerical que ven con preocupación cómo el papa demagogo necesita romper estructuras aunque sea para fingir que están cerca del cristianismo. Y el peligro, precisamente, es que les haga perder dicho poder, leitmotiv de su penosa existencia.
Por lo menos, tres son los grupos que se enfrentan a Bergoglio, por supuesto, todos del estamento clerical ya que el laicado no existe a la hora de las luchas intestinas.
La estrategia inicial del bando opositor al papa ha sido la resistencia pasiva. Aparentar aceptación de las propuestas reformadoras pero no mover un dedo para llevarlas a cabo. Fácilmente se puede observar en cualquier diócesis donde no existió - en todo 2014 - el publicitado “lío”, como pidió el pontífice.
La oposición bergoglista utilizó - hasta el Sínodo de obispos celebrado el año pasado - aquella categoría sociológica como pilar de su disidencia, es decir, resistir de modo no visible, sin confrontación directa con el poder establecido pero que lo cuestiona y corroe por dentro sosteniendo un discurso en contra.
El Sínodo permitió conocer los grupos de poder que no aceptan la forma de gestionar del papa como tampoco su perspectiva ideológica en diversas materias, y finalizado el mismo, se sacaron las máscaras.
¿Cuáles son esos grupos opositores? En primer lugar, los que defienden la ortodoxia doctrinaria y el “legalismo” - paradójicamente - contrario a derechos humanos que los católicos tienen afuera de la institución; en segundo lugar, los que lucran impunemente dentro de la multinacional, aunque ahora más controlados; y el grupo “correcto e inofensivo”, es decir, los pusilánimes y obsecuentes que vegetan en cualquier grupo humano, pero que reciben beneficios.
1. Defensores de la “hipertrofia clerical
Acá se agrupan los ortodoxos, los defensores a ultranza del dogma, doctrinas y mandatos morales. Son los que ratifican diariamente el poder clerical, de decisión y gestión. Apologistas de la “hipertrofia” de sotanas que existe en la institución, del modelo monárquico-sacerdotal iniciado en el siglo IV dC y que Francisco no puede cambiar, por más que declare en contra.
Se incluyen los legalistas, neoescribas y teóricos del derecho canónico que, en el caso del Sínodo, fueron los defensores de la indisolubilidad del matrimonio, del “favor matrimonii”, y la continuidad en la política discriminatoria hacia gays, mujeres y divorciados vueltos a casar.
Orgánicamente, se nuclean a partir de la Congregación para la Doctrina de la Fe, inquisición moderna, aún existente, diversos cenáculos vaticanos con poder real y se apoyan en influyentes periodistas.
Integran finalmente este grupo, el integrismo y la ultra derecha católica. Los primeros, responsables de convertir a su iglesia en un parásito de los Estados, manteniendo prebendas y privilegios y haciendo lobby para que los actos de gobierno, leyes y sentencias se hagan y dicten con el catecismo en la mano. Los segundos, también llamados “tradicionalistas” son grupos marginales dentro del catolicismo, algunos expulsados de hecho, otros en la periferia institucional, pero ambos mantienen “monseñoratos” como referentes - y con poder -, dentro del Vaticano. Algunos especialistas sostienen que no les temblaría el pulso ante la alternativa de plantear un cisma.
2. Defensores de la multinacional religiosa
Segundo grupo opositor, “golpeado” por la incipiente transparencia económico/financiera impulsada por Francisco, fue el que mayores reformas sufrió ya que para ser políticamente correctos y seguir manteniendo la multinacional debieron aceptar, muy a pesar de ellos, las modificaciones.
Son los bíblicos “mercaderes del templo”, versión siglo XXI, cuyo poder político interno se ha hecho más visible, como también su poderío financiero manifestado en inversiones en títulos, divisas extranjeras, operaciones bursátiles, reservas de liquidez, depósitos de oro y alhajas, y un multimillonario patrimonio mobiliario e inmobiliario.
Si bien mantienen el núcleo operativo en el IOR y la Secretaría de Economía, sus ramificaciones, como cualquier multinacional, se encuentran en no pocos países, con “brazos seculares” liderados por la secta Opus Dei.
Grupo de oposición a Bergoglio que está agazapado por estar controlado por la Autoridad de Información Financiera (A.I.F.), pero como toda corporación con poder económico, mantiene los mecanismos bien aceitados para apoyar a cualquier “padrino” si el papa molesta demasiado.
3. Defensores de la tibieza
Tercer sector donde se destacan los abanderados de la cobardía y la obsecuencia. Es la oposición por “omisión”, incluidos los “bergoglistas” que últimamente aparecen en los medios, sea en una villa de emergencia, o viajando en colectivo para aparentar “humildad”. Es el grupo donde más se nota la resistencia pasiva.
Premiados por Francisco con algunas antievangélicas dignidades cardenalicias, esperan el momento para ponerse en la fila, recibir su parte de ración y luego pavonear su progresismo estúpido y huero. Se los puede ver en los medios hablando del “papa de la esperanza”, pero no dudarían un minuto en alistarse detrás del que suceda a Francisco, aunque sea el más terrible tirano con alzacuello.
Ejemplos de los tibios del apocalipsis bíblico son las Conferencias Episcopales latinoamericanas, mudas desde lo operativo en cada una de las diócesis donde todo sigue igual, haciendo gala de su pusilanimidad. Eso sí, muy activas para recordar a la ignorante clase política vernácula el “orgullo” de contar con un papa latinoamericano, y seguir justificando sus ignominiosas prebendas.
4. La “cuadratura del círculo” versión católica
Los tres grupos mencionados - sobre todo, los dos primeros - , atravesados por la “lepra” del clericalismo como le gusta llamar a Bergoglio, con intereses bien determinados y contrarios al papa, prometen una dura oposición durante el año que recién se inicia.
¿Qué hará Francisco entonces? En su corto mandato ha demostrado que cambiar el rol papal, con demagogia y populismo, no le alcanza. No puede cambiar la doctrina ni los dogmas, el “depósito de fe”; su fórmula “iglesia pobre para los pobres” choca de frente con la existencia del poder económico vaticano, vaciándose de contenido; tampoco tiene voluntad (aunque le tire algunas migajas a los laicos) para cambiar el vetusto modelo monárquico-sacerdotal proveniente del Antiguo Testamento; la masa tibia no responde porque no cree en el “ethos” cristiano, y está muy cómoda con su religiosidad epidérmica, de primera comunión.
La oposición interna, “los lobos”, como gustaba decir Benedicto XVI, están al salto y ofrecerán dura resistencia a Bergoglio en el Vaticano donde, “como ocurre en otros lugares, hay quienes someten a una caza despiadada a otros hermanos monseñores con maldad y sádico placer de humillar y destruir al antagonista, pues mors tua vita mea, “tu muerte es mi vida” (1).

Nota

(1) Los Milenarios, El Vaticano contra Dios, Barcelona, Kaos, 2000, p. 22.

lunes, 15 de diciembre de 2014

NACIONALCATOLICISMO Y EDUCACIÓN LAICA

La noticia publicada por MDZ online relativa que el gobernador de Mendoza habría dado la orden a los legisladores de su partido de eliminar la palabra “laica” de la futura ley de educación provincial abrió un debate que se suponía superado hace tiempo.
Descomunal error político no hace otra cosa que socavar lo más importante que tenemos los mendocinos en ese plano: el sistema democrático, representativo y republicano, candidatos a ser pisoteados - nuevamente - por los herederos del nacionalcatolicismo vernáculo los mismos que, supuestamente, “apretaron” al mandatario.
Los estudios sociológicos indican que se ha naturalizado la presencia de la iglesia católica en el ámbito político. Este fenómeno ha repercutido en la laicidad condicionándola y destiñéndola. Resultado: existe una garrafal confusión, devenida en ignorancia, respecto a qué debe entenderse por ella, cómo se manifiesta y qué papel le caben al Estado y a las religiones.
1. La importancia de la laicidad
El contexto internacional ayuda al análisis ya que las religiones, contra todo pronóstico, no han desaparecido y sus grupos generan en diversos países conflictos de toda índole. Problemas como la presión que hacen referentes religiosos para que no se sancionen leyes que contrarían sus postulados; la lucha que sostienen determinados grupos para poder vestir públicamente sus atuendos religiosos (por ejemplo, el velo islámico); la irrupción violenta de fanáticos en museos públicos para que se prohíban exposiciones de arte que consideran “blasfemas”; la imposición de simbología religiosa en espacios públicos y dependencias del estado, violando sistemáticamente la igualdad ante la ley, demuestran la vigencia y dimensión del problema y su directa relación con la laicidad.
En nuestro país también el contexto social y político es propicio para evaluar la vigencia del fenómeno ya que han surgido conflictos como la enseñanza religiosa en las escuelas públicas de la provincia de Salta, o la presión llevada a cabo por la Conferencia Episcopal Argentina para evitar que se sancionaran reformas en el Código Civil relativas a materias como familia, matrimonio y bioética, entre otras, que se suman a las presiones que los mismos obispos católicos hacen a los gobernantes para que no se implementen los protocolos sobre aborto no punible, autorizado desde 1921, y cuyo último fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sido clarísimo en cuanto a su legalidad.
¿Por qué en pleno siglo XXI se debe seguir trabajando  para apuntalar la laicidad? Por la presencia de los grupos integristas que no digieren que las sociedades se encaminen hacia dos postulados manifestados hace siglos por John Locke en su “Carta sobre la tolerancia”, considerada por algunos como el hito fundacional de la laicidad: no coacción para la creencia y libre búsqueda del sentido de la vida.
El integrismo, casi siempre asociado al conservadurismo político pretende, conforme el pensamiento de Umberto Eco, que sean los principios religiosos quienes modelen la vida política y social de los pueblos y sean fuente de sus leyes. No soportan la autonomía de varones y mujeres para dirigir sus vidas y darse sus normas jurídicas.
¿Qué defiende la laicidad? Siguiendo el criterio de Ignacio Ramírez, defiende la democracia como el valor político fundamental para un desarrollo con justicia social, paz y gobernabilidad; un régimen político-social creado por las sociedades para que la pluralidad y diversidad  puedan ser vividas de manera pacífica, tolerante, incluyente y armoniosa, defiende la libertad de conciencia, así como otras libertades que derivan de ella: de creencia, de religión, de expresión, de culto y pensamiento; la autonomía de lo político frente a lo religioso y la igualdad de todas las personas frente a la ley; la promoción y respeto a los derechos humanos especialmente de las minorías, sean estas religiosas, étnicas, de género o por preferencia sexual; la equidad y el trato justo, lo que implica una autonomía real frente a cualquier doctrina religiosa; reformas legales que garanticen los derechos humanos de la población, como el derecho a la salud, a una educación de calidad y otros derechos sociales; la implementación de políticas públicas basadas  en evidencias científicas e información objetiva, veraz y suficiente, y no en dogmas religiosos; las libertades de todos y todas, en el respeto de su libertad de conciencia, evitando coerciones y limitaciones de todo tipo sobre ella. Defiende la educación libre de dogmas y doctrinas religiosas, enfocada en la ciencia, por lo tanto, no admite la imposición de cualquier enseñanza religiosa, sus festividades y simbología en las escuelas públicas.
2. La inconstitucionalidad por omisión en la futura ley de educación
Precisamente, si se eliminara la palabra “laica” de la futura ley de educación provincial existirían más posibilidades – y grave riesgo – de perder aquellos valores y de abrir la puerta al dogmatismo religioso, desesperado por meterse en las escuelas públicas de la provincia. Además, chocaría de plano con el artículo 212 inc. 1 de la Constitución de la Provincia que la consagra expresamente, lo que la convertiría en inconstitucional por omisión.
Habrá que recordarles a los sectores clerofascistas y a los políticos confundidos lo que el constitucionalista católico Bidart Campos decía: “La Inconstitucionalidad por Omisión se produce cuando un órgano del Estado no ejecuta un deber constitucional, ya sea éste expreso o tácito. Tal concepción se fundamenta en el principio de la supremacía constitucional. Establecido por la Constitución un mandato o un deber para los poderes públicos, tal por ejemplo el de regular por ley una determinada materia, no pueden dichos poderes eludir su obligación dilatando indefinidamente su cumplimiento. La Constitución no es un mero documento subordinado a la voluntad política de los gobernantes de turno: su fuerza normativa obliga y vincula, y en consecuencia la totalidad del ordenamiento jurídico, es decir, las normas infraconstitucionales y los hechos, actos u omisiones, tanto de autoridades como de particulares, se encuentran compelidos bajo la supremacía constitucional” (1).
¿Y qué dice el referido artículo de la Constitución Provincial? “La educación será laica, gratuita y obligatoria, en las condiciones y bajo las penas que la ley establezca”. Esto no significa otra cosa que un mandato para los políticos y legisladores.
3. Nacionalcatolicismo y el emponzoñamiento de la política
El guiño político a los esbirros del nacionalcatolicismo en Mendoza trae de la mano, también, al clericalismo y su hermano mellizo - el clerofascismo – ponzoña social que la Argentina padece desde su fundación.
“En el clericalismo religión y política se entrecruzan y la Iglesia se vale del Estado, o del poder político, para reafirmar un sistema de poder eclesiástico, o el Estado, o el poder político, se vale de la Iglesia para afianzar el sistema de gobierno o las situaciones político-sociales” (2).
Dicho de otro modo: la iglesia católica se entromete en cuestiones sobre las que no tiene competencia - lo temporal -; y los políticos pisotean los valores republicanos y constitucionales imponiendo dogmas y doctrinas a todos los ciudadanos y ciudadanas violando su libertad de conciencia y la igualdad ante la ley.
No hay que estar muy despiertos para darse cuenta que la decisión política de ordenar quitar la palabra laica de la futura ley de educación de la provincia viene con aquel sello.
Implica la influencia nefasta del clero y sus brazos seculares en los asuntos políticos de la provincia, la misma que tuvieron en el último gobierno de facto con las consecuencias ya conocidas. Esto es lo que nos espera a los mendocinos en materia educativa si se llegara a eliminar la palabra “laica” de la futura ley.
El presidente francés Valéry Giscard d’Estain fue un ejemplo de respeto a las libertades laicas ya que no era partidario de gobernar con la biblia en la mano, a pesar de sus creencias personales. En algún momento histórico supo decir: “Yo soy católico (…) pero también soy presidente de una República cuyo Estado es laico. No tengo por qué imponer mis convicciones personales a mis conciudadanos, sino que debo procurar que la ley responda al estado real de la sociedad francesa, para que sea respetada y pueda ser aplicada” (3).
Y el estado real de la educación mendocina está sostenido por la laicidad - piedra angular de la misma -, consagrada en la Carta Magna. Gravísima responsabilidad, entonces, de los legisladores en garantizar su respeto y asegurar a las futuras generaciones que no aparezca nuevamente el fantasma de la “civilización occidental y cristiana”, mito de legitimación de la última dictadura cívico-militar-católica.

Notas
(1) Bidart Campos, Germán, J., El derecho de la Constitución y su fuerza normativa, 1995, Buenos Aires, Ediar, p. 468.
(2) Bada, Joan, Clericalismo y anticlericalismo, 2002, Madrid, B.A.C., p. 10.

(3) Urrutia, Elena, “Estado laico y aborto”, en www.jornada.unam.mx › martes 3 de abril de 2007 › Opinión

sábado, 11 de octubre de 2014

PREBENDAS AL CLERO: ¿DESHONESTIDAD, O EXCESO DE IGNORANCIA?

Según lo dicho oportunamente por el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica “no pone, sin embargo, su esperanza en privilegios dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición” (1).

En Argentina se ha sancionado un nuevo Código Civil justificado en los cambios sociales, en una realidad plural y diversa, unificándolo con el corpus comercial, y tutelando derechos reconocidos hace tiempo por instrumentos internacionales con jerarquía constitucional. Sin embargo, dejó incólumes los privilegios hacia la Iglesia Católica, haciendo caso omiso a aquella declaración eclesiástica.

Si bien sería una necedad reducir la importancia de la reforma a un par de artículos - sobre todo al actual 146 -, los representantes del pueblo perdieron una oportunidad inmejorable para avanzar en la consolidación de la aconfesionalidad del Estado argentino, en la igualdad religiosa a nivel institucional, y en la derogación de las bochornosas prebendas que se le reconoce a la antigua enemiga de la república y la democracia.

Harto conocido es el sistema de privilegios de los que goza la institución católica, la mayoría de ellos otorgados en los gobiernos militares que no se cansó de avalar, desde el primero en 1930 hasta el último de 1976, y que rompen en mil pedazos el principio constitucional de igualdad ante la ley.

Privilegios que ciertos especialistas engloban en una vergonzosa fórmula: “libertad de cultos, sin igualdad de cultos”. Fórmula “feliz” para algunos que pavonean su más puro y ridículo fariseísmo religioso, los mismos que justificaban la “conversión” de los indios al catolicismo romano, el mismo que saqueó las culturas de los pueblos originarios y combatió casi hasta su exterminó a las religiones ancestrales.

Pero detengámonos en dos cuestiones que demuestran la antigualla mantenida en el nuevo Código referidas a la iglesia.

1. El absurdo de la persona jurídica pública

Dice el nuevo artículo 146: “Son personas jurídicas públicas: a. el Estado nacional, las Provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los municipios, las entidades autárquicas y las demás organizaciones constituidas en la República a las que el ordenamiento jurídico atribuya ese carácter;

b. los Estados extranjeros, las organizaciones a las que el derecho internacional público reconozca personalidad jurídica y toda otra persona jurídica constituida en el extranjero cuyo carácter público resulte de su derecho aplicable;

c. la Iglesia Católica.

El legislador insistió en mantener la condición de persona jurídica pública a la iglesia. Sin embargo, si se tienen en cuenta las características que los expertos otorgan a dichas entidades, se observa que ninguna de ellas se aplica a la referida institución, a saber: creación por toda comunidad; perseguir el interés general; poder de coacción.

La Iglesia Católica no ha sido creada por la sociedad argentina; no persigue el interés general, sólo sus propios intereses (o los del papa romano); ni tampoco tiene capacidad de coacción respecto a los ciudadanos sino sólo un poder moral sobre la minoría de bautizados que practican esa religión.

No tiene sentido mantener una condición que la organización religiosa no tiene ni tendrá en el derecho interno. Sin embargo, lo que se ha ratificado con la norma es una categoría que los sociólogos de la religión hace tiempo vienen señalando respecto de la iglesia: ser un estado dentro de otro estado. Agreguemos: con un ordenamiento jurídico paralelo al nacional donde se cometen todo tipo de violaciones a derechos humanos, sin control estatal.

La oportunidad que se perdió fue ajustar el nuevo Código al sistema laico/aconfesional de la Constitución Nacional si se tiene en cuenta que no hay religión oficial ni de estado.

2. Igualdad religiosa institucional: eterna ausente

El privilegio mencionado hace tiempo que viene acompañado de otros: el trillado artículo 2 de la C.N.; el Concordato de 1966, obsoleto y contrario a la Carta Magna por donde se lo mire, y el conjunto de normas con que los últimos genocidas militares premiaron a los obispos católicos.

El “combo” clerical, por el cual la Conferencia Episcopal Argentina no ha movido un solo dedo para que se derogue, es el principal responsable de que en nuestro país existan entidades religiosas de primera y de segunda categoría, con la consiguiente violación de derechos.

Y el nuevo Código convalida torpemente esa discriminación.

Si bien la Constitución Nacional garantiza la igualdad religiosa individual, es decir, el derecho que los ciudadanos y ciudadanas tienen de no ser discriminados por sus creencias  y convicciones religiosas, no sucede lo mismo a nivel institucional: no existe en el país trato jurídico similar del Estado hacia todas las organizaciones religiosas que residen en su territorio.

Si bien existen en el Congreso de la Nación proyectos de ley que proponen regularizar dicha situación, la mayoría de ellos (por no decir todos), mantienen los privilegios clericales y conceden algunas migajas jurídicas al resto para dejarlos contentos.

La oportunidad que se perdió en este punto es acrecentar el sistema aconfesional del Estado nacional, considerando a todas las iglesias como instituciones de orden privado, asignando a todas ellas el carácter de asociaciones y sometiéndolas al derecho común.

Hubiese representado la cancelación de una pesada deuda para con la democracia por la genocida participación de la Iglesia Católica en la última dictadura militar, avalando la tortura y el asesinato, incluso, de sus propios cuadros.

No obstante, triunfó el fariseísmo de quienes, siendo representantes del pueblo, hicieron prevalecer los intereses del papa católico por sobre los de la sociedad.

3. Nuevo cuerpo legal con viejas canonjías

El Código, que es de avanzada en muchas de sus normas, atrasa ciento cincuenta años en los puntos que hemos señalado. Los obispos católicos, agradecidos; las entidades religiosas no católicas, “ninguneadas”, y la igualdad ante la ley pisoteada por los legisladores, enceguecidos por un infantil chauvinismo papal.

En el nuevo cuerpo legal se ratifica el carácter parasitario de la institución religiosa para con el Estado. Los obispos católicos no sólo no han renunciado a privilegio alguno sino que tampoco hicieron mención alguna en los documentos que elaboraron en 2013 relativos a la reforma.

Aquella declaración de Gaudium et spes citada al comienzo de esta nota demuestra que la institución y sus funcionariado clerical siguen rindiendo culto a la deshonestidad, mientras los legisladores se exceden en su ignorancia.

La pesada y oxidada ancla clerical en materia civil remite - una vez más - a los cuestionamientos que Alejandro Vinet planteaba en su momento: “Se nos pregunta: ¿Qué quiere Ud. que sea de la religión sin el apoyo del Estado? Contestamos: que sea lo que pueda; que sea lo que puede ser; que viva si tiene que vivir, que muera si tiene que morir. Ella vino al mundo para demostrar que el espíritu es más fuerte que la materia, fuerte sin la materia, fuerte contra la materia. No debemos impedir que lo demuestre. Si no puede subsistir por sí misma, no es la verdad; si no puede vivir sin el artificio, es porque ella misma es un artificio…” (2).
Notas

(1) Constitución pastoral “Gaudium et spes, N° 76, La comunidad política y la Iglesia, párrafo 5°, en www.vatican.va/.../vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

(2) Citado por SCIALABBA, Raúl, Los bautistas y la libertad religiosa, en BOSCA, Roberto, La libertad religiosa en la Argentina: aportes para una legislación, Buenos Aires, Konrad Adenauer, 2003, p. 119.

lunes, 29 de septiembre de 2014

LOS CAMBIOS “POUR LA GALERIE” DE FRANCISCO

El papa argentino dice estar llevando a cabo cambios para frenar la plaga de sacerdotes abusadores sexuales, encubierta sistemáticamente durante las monarquías de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Dos hechos producidos recientemente podrían hacer pensar que los mismos son efectivos: primero, la orden de arresto domiciliario del ex nuncio papal en República Dominicana, quien será sometido a juicio penal dentro del Vaticano y su “reducción” al estado laical; segundo, la remoción del cargo de obispo de Ciudad del Este, Paraguay, de Rogelio Livieres cuyos cargos, entre otros, eran los de proteger a un sacerdote argentino condenado por abusos sexuales en Estados Unidos.

Se le suma el gesto de expulsar de la Basílica Santa María la Mayor  - recién iniciado su pontificado - al cardenal Bernard Law, ex arzobispo de Boston, también protegido por Juan Pablo II dentro de las murallas del Vaticano para no enfrentar las acusaciones judiciales de encubrimiento de 250 curas pedófilos.

Los apologistas del papa argentino machacan en los medios de comunicación para reforzar la imagen transparente y su política de “tolerancia cero”, o “campaña contra pederastas”.

Sin embargo, tratándose de una institución que históricamente se ha caracterizado por su oscurantismo y política criminal, donde la dignidad de las personas pasa a un segundo plano, aquellos “cambios” permiten cuanto menos plantear interrogantes y señalar que Bergoglio hace sólo lo políticamente correcto. Actos destinados a quienes lo aplauden como focas, pero que guardan silencio cuando hay que abordar el meollo del problema.

1. “Si non castus, cautus” (Si no puedes ser casto, sé cauto)

La muletilla clerical, una especie de consejo “sotto voce” que la autoridad eclesiástica brinda a todos aquellos clérigos que no soportan la inútil ley del celibato - o que ya la violaron, sea manteniendo esposa e hijos en la clandestinidad, sea delinquiendo con menores, sea manteniendo una doble vida hétero u homosexual, con el “plácet” de las autoridades -, es lo que no cumplió el polaco Jozef Wesolowski.

El caso del nuncio siguió este derrotero: a) denuncia ante la Fiscalía General de República Dominicana, quien lo acusó de abusar sexualmente de adolescentes pobres, “presas” preferidas por las sotanas pedófilas; b) traslado a la Santa Sede para ser juzgado, maniobra diplomática cuya finalidad es evitar que un preboste católico sea “humillado” ante tribunales ordinarios; c) juicio canónico y sanción por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe; d) “reducción” al estado laical, es decir, pasó a ser un borrego más, un menor de edad dentro de la institución religiosa. El término, correspondiente al violento argot clerical, demuestra el grado de subestimación y desprecio que las sotanas sienten por los laicos; e) arresto domiciliario en virtud que seguía en libertad, muy campante dentro del Vaticano, y porque se inició contra él un proceso penal ante los tribunales de esa Ciudad Estado.   

¿Qué hay de nuevo en ese hecho? Nada, pero sí de “impactante” ya que ayuda al cambio de imagen y al “blanqueo del sepulcro”. Que se haya arrestado a un nuncio (embajador), dentro del impresentable enclave territorial llamado “Estado de la Ciudad del Vaticano” - hermano menor de la fraudulenta “Donación de Constantino” - no pasa de ser una obligación para el papa argentino. La diferencia está en la calidad del sujeto: se  trata de un funcionario de alto rango, y no se pueden dar el lujo de aumentar el escándalo y pavonear su ya crónica impunidad.

Lo que sí saca a la luz la acción de Bergoglio es la descomunal arbitrariedad que imperaba en épocas de Juan Pablo II, protegiendo a eclesiásticos y prelados dentro del Vaticano (el caso del arzobispo Paul Casimir Marcinkus es paradigmático), y que él supuestamente quiere disminuir.

2. El meollo de la cuestión: intacto

En el supuesto caso que el ex nuncio sea condenado por la justicia vaticana ¿será una acción ejemplificadora para el interior de la institución? Para nada, porque el meollo de la cuestión permanece intocable: las normas jurídicas y los procedimientos que se aplican a los curas abusadores permanecen intactas. Veamos algunas:

a) La fase inicial del procedimiento canónico, violatoria de derechos humanos, en especial, la garantía de defensa en juicio

Las víctimas/denunciantes no tienen derecho a participar plenamente del procedimiento. Se les toma una declaración, se les permite ofrecer testigos y punto. Toda esta primera fase las deja a merced del capricho del obispo. No pueden compulsar las actas testimoniales, ni presenciar las declaraciones de los testigos; no pueden designar abogado que las represente; no tienen acceso a pericias, ni a controlar si las medidas cautelares, por ejemplo, traslado del abusador, se cumplen. En el caso de los testigos, podrían mentir sin problemas y esa circunstancia no sería advertida por los denunciantes.

La realidad de esta fase es más arbitraria y pérfida: a los testigos presentados por los denunciantes se les saca información para saber si las víctimas recurrirán a la justicia ordinaria o no. Se utiliza a los testigos para “armar” la defensa ante eventuales acciones legales contra la Iglesia.

Y para agravar aún más la violación de derechos, una vez terminada la investigación, el expediente se envía al Vaticano. La pregunta es ¿cómo hacen las víctimas de abuso sexual para defenderse a miles de kilómetros de distancia? Problema doble ya que llegado el expediente a Roma es designado un abogado canonista que cobra… ¡¡en euros!!

b) Durante la fase de investigación, el abusador sexual puede seguir delinquiendo tranquilamente

Producido el abuso sexual, el obispo sólo puede “amonestar” (retar al cura delincuente). El canon 1347 dispone: “1. No puede imponerse válidamente una censura [una sanción] si antes no se ha amonestado al menos una vez al reo para que cese en su contumacia, dándole un tiempo prudencial para la enmienda. 2. Se considera que ha cesado en su contumacia el reo que se haya arrepentido verdaderamente del delito, y además haya reparado conveniente los daños y el escándalo o, al menos, haya prometido seriamente hacerlo”.

Asimismo el canon 1341 establece: “Cuide el Ordinario de promover el procedimiento judicial o administrativo para imponer o declarar penas, sólo cuando haya visto que la corrección fraterna, la reprensión u otros medios de la solicitud pastoral no bastan para reparar el escándalo, restablecer la justicia y conseguir la enmienda del reo”.

Este esperpento jurídico implica que al delincuente se le garantiza la impunidad. Veamos: ¿qué significará una “amonestación”? ¿Una palmadita en la espalda? ¿Un “retito” al depravado para que no siga violando niños? ¿Levantar el dedo índice con “cara de malo”? ¿Cuál es el “tiempo prudencial”? ¿Una semana, un mes, un año? ¿Y mientras tanto qué hará el reo? Seguir abusando.

¿Quién controla semejante mamarracho? Nadie, porque al obispo nadie lo controla. Es el espíritu medieval en pleno siglo XXI. Los cánones citados dejan ver la monstruosa patología que afecta al clero católico en esta y muchas otras relacionadas con temas sexuales.

c) El procedimiento canónico sigue siendo secreto

En principio, no está mal. La figura del secreto sumarial no está prohibida en los ordenamientos jurídicos, pero no es absoluta, ni ilimitada en el tiempo, salvo en el sistema canónico.

En dichos procedimientos rige el “secreto pontificio” para todos aquellos que intervienen en los mismos (incluida la víctima). Un abuso de poder con mayúsculas cuyo efecto inmediato es la violación lisa y llana del derecho de las víctimas a defenderse, a informarse y a controlar el procedimiento.

Este secreto se extiende también a los archivos cuya orden de apertura el papa Francisco no ha dado.

d) La Iglesia y sus normas: los Concordatos como vías de impunidad

El principal argumento que esgrime la institución religiosa para seguir aplicando semejante monumento a la arbitrariedad es que goza de autonomía para tener las normas jurídicas que le plazca. Dicha autonomía es garantizada por acuerdos internacionales que la Santa Sede firma con diversos Estados, denominados Concordatos.

Pero estos instrumentos no son “asépticos”. Persiguen intereses políticos, jurídicos, sociales y económicos bien determinados, como que los impulsa un estado extranjero. Dichos  intereses son los del papa católico, que busca estar por sobre los de los estados firmantes y la sociedad laica y plural, profese o no el catolicismo.

La autonomía de las entidades religiosas no es un principio absoluto, debiendo ceder ante las disposiciones constitucionales que regulan derechos humanos. Máxime cuando los concordatos, si bien con jerarquía superior a las leyes nacionales, carecen de jerarquía constitucional debiendo respetar la centralidad de la persona humana y el principio “pro homine”. En el caso el catolicismo romano, brillan por su ausencia.

Dentro de ese marco los Comités de la ONU que monitorean el cumplimiento de la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, advirtieron a la Santa Sede que debe cambiar sus normas jurídicas ya que son una de las principales causas de la expansión de la plaga de abusadores y su protección.

3. Situación en Argentina

En nuestro país la situación es la misma. El Concordato de 1966 crea a favor de la Iglesia Católica otra prebenda jurídica, de las numerosas que tiene esa institución: un enclave jurídico dentro del ordenamiento jurídico nacional, donde el Estado argentino no interviene, salvo que se encuentre afectado el orden público.

Garantía de impunidad dentro de la entidad religiosa ya que, aunque sean violados derechos fundamentales de los creyentes, se la esgrimirá para rechazar el control jurisdiccional del Estado.

El referido concordato ha sido utilizado en una causa judicial que involucra al Arzobispado de Mendoza, como argumento central para impedir que ciudadanos argentinos denunciantes de abusos no accedan a la información que la Constitución e Instrumentos internacionales sobre derechos humanos tutelan.

Similares problemas tiene en análisis y han sido advertidos a la opinión pública por la “Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico”, que trabaja en nuestro país.

Como se habrá observado las normas jurídicas y fases del procedimiento en materia de abuso sexual no han sido modificadas por el papa Francisco, y dejan ver que el meollo de la cuestión tampoco ha sido abordado.

Lo políticamente correcto no alcanza, siendo la demagogia y el doble discurso los andariveles por los que transita el monarca teocrático en esta materia.

Y como es sabido, lo políticamente correcto, en cualquier escenario, servirá para minimizar problemas, pero nunca para solucionarlos. 

viernes, 11 de julio de 2014

LA MISA DE LOS DEMONIOS

El papa Francisco celebró el 07 de julio pasado una misa donde fueron invitadas seis personas víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes católicos. La “novedad” alimenta la política demagógica de Bergoglio que lucha denodadamente para cambiar la imagen criminal de la iglesia católica.

Recibir a víctimas de abuso sexual no es algo nuevo. También los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI lo hicieron como un gesto que formaba parte del pedido de perdón al que ya nos tiene acostumbrados la iglesia cada vez que sus actos criminales salen a la luz.
Pero como es moneda corriente en las prácticas clericales, la manipulación e hipocresía también pudieron observarse en estos actos. En primer lugar, las víctimas “invitadas” fueron seleccionadas cuidadosamente. La invitación no fue para todos aquellos que hayan sufrido tan aberrantes hechos, encubiertos durante años por el “santo de los pedófilos” y su adlátere e ideólogo, ahora papa emérito. Es evidente que en su fingido gesto los funcionarios clericales no quisieron tener problemas con muchedumbre alguna de abusados. Sólo manipulan a unos pocos, es más fácil.

El dato ha sido corroborado por una carta que un grupo de argentinos - víctimas de curas abusadores -, le enviaron al pontífice recordándole que en nuestro país también existen numerosas personas que padecieron semejante delito clerical, llamándole la atención por no haberlos ni siquiera participado de la celebración.
La manipulación siguió con las declaraciones posteriores a la misa y reunión: “El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede habló con ellos y pudo constatar “la profunda gratitud que tenían hacia el Santo Padre”. En particular por haber “sido escuchados con mucha atención y disponibilidad” […] “cada uno manifestó según su sensibilidad, y sus sentimientos eran serenos y positivos”. Y añadió que “eran personas que se sentían gratas de haber vivido este encuentro” (1)

Gratitud, serenidad, atención, disponibilidad, sensibilidad, de las víctimas hacia el papa. Todo bien almidonado, al mejor estilo clerical. Pero ¿Se escucharon las voces de las víctimas? ¿Se les dio la palabra, para enterarnos lo que tienen para decir, cuáles son sus padecimientos? ¿Pudieron expresar públicamente su impresión? Para nada. Tratados como tratan al laicado, al rebaño servil y embobado, nuevamente se los silenció.
La farsa del acto litúrgico: violencia simbólica y revictimización

El oficio religioso fue dirigido al antropomorfo dios católico, creado a imagen y semejanza de los mismos criminales y encubridores que celebran sus ritos. El mismo que, supuestamente, todo lo sabe y conoce; el que eligió mediante un llamado vocacional a los delincuentes que violaron una y otra vez a cuantos niños, niñas y jóvenes les fueron confiados. A semejante “garante”, no habría que dedicarle ningún acto, sino pedirle explicaciones del mal y el daño que sus “representantes” cometieron y nunca evitó.
Ese dios ciego, sordo y mudo, es el responsable celestial de las millones de manchas de semen que ensucian las sotanas de sus “elegidos”, y que aún no se lavan, primero, porque la demagogia de Francisco sólo alcanza para blanquear mínimamente el aguantadero de pedófilos que aún mantienen, y segundo, porque el elemento clave que permitiría solucionar al descomunal problema - el sistema jurídico canónico -, siguen manteniéndolo, como mencionaremos seguidamente.

La misa celebrada con presencia de las víctimas fue una nueva manifestación de violencia simbólica y revictimización. Como sostiene Nuria Varela “La violencia simbólica no es “otro tipo de violencia” como la física, psicológica o económica, sino un continuo de actitudes, gestos, patrones de conducta y creencias, cuya conceptualización permite comprender la existencia de la opresión y subordinación, tanto de género, como de clase o raza. La violencia simbólica son los resortes que sostienen ese maltrato y lo perpetúan y está presente en todas las demás formas de violencia garantizando que sean efectivas” (2)
Y aquella violencia de los abusadores se vio proyectada en la misa presidida por Francisco donde las víctimas fueron, nuevamente, sojuzgadas y controladas, esta vez, por el jefe de los abusadores y su poder. Se utilizaron los elementos componentes de la religión, disfrazados de pedidos de perdón y reconciliación.

Abusos sexuales banalizados por la obediencia de cadáveres
En el libro “El alma de los verdugos”, Baltazar Garzón y Vicente Romero, haciendo referencia a los militares y genocidas argentinos, se preguntan ¿Quiénes son esos tipos que, tras despedirse de sus hijos con un beso, acuden a su trabajo como funcionarios ejemplares para torturar o asesinar a prisioneros políticos?

Aquellos genocidas eran, además, católicos confesos, de misa diaria, que habían jurado sobre su biblia, y luego cometieron las más grandes aberraciones. Muchos de ellos, al ser citados con posterioridad por la justicia, justificaron su accionar en la obediencia.
¿Puede aplicarse aquel interrogante a la reacción del laicado católico ante las medidas adoptadas por el Vaticano para frenar el flagelo de los abusos? Claro que sí. De modo que podríamos preguntar ¿por qué se adhiere acríticamente a las fingidas medidas de las autoridades clericales para paliar el flagelo? La respuesta es la misma: por obediencia. Hay cero autonomía y juicio crítico en grandes sectores del catolicismo, y eso trae la penosa consecuencia de banalizar el problema de los abusos sexuales del clero.

Ha sido Constantino Carvallo (citado por Gonzalo Gamio Gehri), quien abordó el problema de la obediencia dentro del catolicismo “que desliza al individuo hacia el ejercicio del mal banal, concepto arendtiano que describe el mal producido por la completa incapacidad de pensar” […] “la genuina idiotez de quienes no cuestionan las órdenes, y consideran que “se encuentran protegidos moralmente por ese blindaje que permite la obediencia” (3).
La misa celebrada por iniciativa de Bergoglio no hizo otra cosa que profundizar la banalización de un problema gravísimo, ante el cual el rebaño se limita a aceptar las medidas con ‘obediencia de cadáver’, sin intentar siquiera llevar a cabo algún tipo de control externo a las autoridades, ni presentar pedidos de informes y explicaciones. 

¡Todos con la conciencia tranquila, no faltaba más!
El intocable sistema de prevaricación: continuidad del abuso de poder

Las medidas adoptadas desde Benedicto XVI (modificación de algunas normas internas), hasta la creación de la “Comisión para la protección de los menores”, por iniciativa de Francisco (que incluye a una víctima de abuso), no pasan de ser un vil maquillaje con que la criminal institución religiosa pretende convencer al mundo que se está solucionado el problema.

Quienes confirmaron que el sistema de prevaricato canónico sigue vigente fueron los Comités encargados de monitorear el cumplimiento, por parte de la Santa Sede, de la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.
En sendos informes se le comunicó al estado confesional que debe reformar las normas jurídicas (canónicas como eclesiásticas), que aplica en los procedimientos por casos de abuso sexual del clero como condición necesaria para empezar el solucionar el problema. Ese es el punto y lo que se niegan a resolver.

Por eso, y por más que se celebren actos litúrgicos y se creen comisiones de investigación; por más que pidan perdón, que se digite la modificación de ciertas normas, y paguen indemnizaciones, todo seguirá bajo el paraguas de la prevaricación y el encubrimiento, ya que lo fundamental - garantizar la plena vigencia de los derechos humanos para las víctimas en el seno de la institución religiosa, en especial, la garantía de defensa en juicio, y derogar lisa y llanamente el “secreto pontificio” -, permanece sin reformar, intacto e inalterable dándole continuidad al feroz abuso de poder clerical.
La misa celebrada por Bergoglio como signo de reconciliación y pedido de perdón para con las víctimas de abuso sexual, ha sido una pantomima de lo que los católicos llaman “mesa del Señor”, y por esa razón, la misa de los demonios.

Notas
(1) “El Papa dio esperanza en el Vaticano a seis víctimas de abusos”, en www.zenit.org [ZS140707]

(2) “Violencia simbólica”, en nuriavarela.com/violencia-simbolica/
(3) “Autonomía moral, mal banal y 'catolicismo retro': comentarios a un texto de C. Carvallo”, en www.gonzalogamio.blogspot.com/.../gonzalo-gamio-gehri-el-da-sbado-12-de....

sábado, 10 de mayo de 2014

SOTANAS AMNÉSICAS Y VIOLENTAS

Un nuevo documento ha emitido la Conferencia Episcopal Argentina. Un nuevo acto de amnesia episcopal, esta vez, referido a la violencia que abruma a no pocos sectores sociales e institucionales de nuestro país.

El documento pretende hacer reflexionar a los católicos (que en su mayoría no siguen a los dirigentes eclesiásticos), y a los hombres de buena voluntad (expresión aún no definida por los gerontes, pero entendemos que son aquellos de los que no reciben oposición alguna), sobre un flagelo sin soluciones concretas.
Fingiendo como de costumbre, esta vez juegan a ser expertos en sociología, criminología, y psicología presentando su diagnóstico desde un rol harto conocido como vetusto, el de pretender ser “rectores morales” y “defensores” de la sociedad laica argentina, a la que su sanguinaria institución pisoteó cada vez que pudo en distintos momentos históricos.

La lectura general del documento deja una nueva evidencia de la hipocresía de los obispos argentinos, una especie de “abuelos vip”, que reciben un abultado sueldo del estado argentino gracias al dictador y genocida Videla. En particular, el escrito no hace otra cosa que generar más violencia producto de su descarada amnesia.
1. El antiguo rol de “rectora moral”

Siguiendo a Juan Cruz Esquivel, la evangelización del continente traída con la conquista española dio origen a un modelo de cristiandad que se manifestó en tres planos: a) la identificación de la identidad territorial con la religiosa, afinidad que fue consecuencia de imponerle al territorio conquistado la religión del imperio conquistador; b) a partir de esa consonancia, la institución católica se atribuyó el rol de “pilar” y “garante” de las futuras nacionalidades; c) permitió que la Iglesia Católica, a través de su jerarquía, se arrogase la facultad y poder exclusivo “de controlar múltiples aspectos de la vida cotidiana de las personas”, por ejemplo, cuestiones relativas a la familia, matrimonio, sexualidad, educación en general y educación religiosa en particular (1).
Ese modelo de cristiandad, de marcado perfil totalitario, produjo también una consecuencia fundamental: la Iglesia Católica no sólo iba a desempeñar su actividad en el plano que le era propio, el religioso, sino que empezaba su actuación en los escenarios políticos y sociales.

La matriz ideológica – que un vasto grupo de autores pretenden presentarlo como “natural” y justificarlo en las tradiciones – fue la que permitió el surgimiento de mitos como la “nación católica” y el “ser nacional” identificado con el “ser cristiano”, garantizados por la Iglesia Católica y, más adelante, por las Fuerzas Armadas.   
La importancia de esta idea/matriz es que aparecerá tiempo después para explicar y servir de fundamento a la posterior alianza y bloque político-ideológico que conformarían las Fuerzas Armadas con la institución religiosa, sobre todo, a partir del golpe de estado de 1930; idea/matriz que iba a ser el denominador común en todos los golpes de estado que la institución religiosa avalaría como “defensora” de la argentinidad.

Y es lo que continúa observándose en cada documento que emite la Conferencia Episcopal Argentina desde que se recuperó la democracia. El que comentamos lleva la impronta de ese rol.

2. El medallero de la violencia religiosa y clerical
Según el documento de la CEA, la violencia que padecemos a diario los argentinos reconoce múltiples causas, menos la religiosa, omisión patológica en todas sus declaraciones.

El pasado (tampoco el presente), ayudan al catolicismo. Guerras de religiones, conquistas, etnocidios y transculturación; hogueras y eliminación de personas de ambos sexos; aval ideológico a gobiernos dictatoriales como los gobiernos militares de América Latina, con sus secuelas de torturas, robos de bebés, violación del derecho a la identidad de las personas, persecución y muerte a sus propios fieles y clero, sin contar el fenómeno de los abusos sexuales a niños, niñas y jóvenes. Son hechos que demuestran que las religiones (sobre todo el catolicismo romano), lejos estuvieron (y están) de convertirse en “caminos para la paz”. La violencia física y psicológica en “nombre de Dios” ha sido una constante en el tiempo, y es la que en estas épocas siguen empleando grupos fundamentalistas e integristas para imponer sus convicciones.
Pero no contentos con ello, los obispos argentinos abordan distintas manifestaciones de la violencia vernácula, tomando distancia de manera grotesca, como si la institución que integran no fuese generadora de ella.

En el punto N° 5 destacan la corrupción y el desvío de dineros (calificados de “estafas económicas y morales”); las mafias del crimen organizado dedicadas a la trata de personas para la esclavitud laboral o sexual; tráfico de drogas y armas. Ahora bien, conociendo los datos irrefutables de la corrupción vaticana durante los dos últimos pontificados, preguntamos ¿Qué significan los datos aportados por la filtración de documentos reservados que produjo el “Vatileaks”? Si como bien dicen los funcionarios eclesiásticos “la corrupción, tanto pública como privada, es un verdadero "cáncer social", ¿podrá la sociedad calificar a la Conferencia Episcopal Argentina como “parásito estatal” generador de violencia?
El respeto de la ley es destacado en el punto N° 6 donde con su crónica falta de vergüenza  sostienen: “Algunos profesionales suelen utilizar de modo inescrupuloso artilugios legales para burlar o esquivar la justicia: también esto es inmoral”. Pero ¿No son también artilugios legales los que la Santa Sede y las iglesias locales aplican para seguir encubriendo al clero abusador sexual? ¿No son artilugios legales los que presentan cada vez que son demandados en la justicia, esgrimiendo sus ya anacrónicos privilegios? ¿No son artilugios legales los que esgrimieron al apoyar los golpes de estado en Honduras (2009) y Paraguay (2011)? 

La violencia verbal (N° 8), es otra de las mencionadas con dos derivaciones (calumnias y mentiras), que "socavan la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales" (Catecismo de la Iglesia Católica, 2486)”. Sin embargo, ¿no fue el propio Benedicto XVI quien manifestó estar “rodeado de lobos”? ¿No ha sido el propio Francisco quien denunció la masiva presencia de trepas, “garcas”, y arribistas en el Vaticano, que utilizan la calumnia y la mentira para dejar fuera de combate a sus adversarios en la patética “carrera” eclesiástica? ¿No es la iglesia en la Argentina una réplica de aquella corrupción? ¿Cómo se explican los casos de los obispos Bargalló y Maccarone?
Violencia verbal de la que tampoco escapa el laicado católico, acicateado con todo tipo de improperios generados por su tradicional enemigo y dominador (el clero). Desde la “plaga” de los divorciados, endilgando ese mote a todos los católicos que decidieron libremente rehacer sus vidas (2), pasando por el insulto a las nuevas formas de familia que no son “modélicas” (3), y terminando con la “enfermedad” de la homosexualidad sostenida en pleno siglo XXI por no pocos obispos. El término “rebaño” que jocosamente se utiliza en el argot clerical ¿no es un insulto?

Otro párrafo farsante, contenido en el mismo número, es el que dice: “Urge en la Argentina recuperar el compromiso con la verdad, en todas sus dimensiones. Sin ese paso estamos condenados al desencuentro y a una falsa apariencia de diálogo”. Ahora bien, ¿se olvidaron los obispos que todavía la sociedad argentina está esperando que la Iglesia Católica abra sus archivos para conocer la verdad relativa a los antecedentes de la dictadura militar que obran en ellos? ¿Ocultar información sobre desaparecidos y bebés robados, no es otra manifestación de violencia?
La cursi y empalagosa fraseología episcopal contenida en el N° 10 - no menos vacía de contenido -, que destaca al dios católico como "fuente de toda razón y justicia", se cae a pedazos luego de los breves antecedentes criminales mencionados.

3. Último premio a la violencia de la institución religiosa
El “Oscar” 2014 a la violencia religiosa le fue otorgado a la Santa Sede por el Comité de la ONU encargado de monitorear el cumplimiento de la Declaración de los Derechos del Niño por parte aquella persona jurídica internacional.

La lista de recomendaciones que el organismo le manifestó a la Santa Sede, para reducir los correlativos hechos violentos perpetrados y fomentados por la institución religiosa, incluye: hacer un estudio exhaustivo de su marco normativo, en particular, el Derecho Canónico, con el fin de garantizar el pleno cumplimiento de la Convención (N° 14); redoblar esfuerzos para hacer que todas las disposiciones de la Convención sean ampliamente conocidas  por los niños y sus familias (N° 22); para que elimine de inmediato la clasificación discriminatoria de los hijos nacidos fuera de matrimonio como hijos ilegítimos (N° 26); para que condene todas las formas de acoso, discriminación o violencia contra los niños sobre la base de su orientación sexual o la orientación sexual de sus padres y para apoyar los esfuerzos a nivel internacional para la despenalización de la homosexualidad (N° 26).
El Comité instó encarecidamente a la Santa Sede a cooperar con los estudios para determinar las causas de la práctica del abandono anónimo de los bebés y fortalecer y promover alternativas de forma expedita, teniendo plenamente en cuenta el derecho del niño a conocer a sus padres biológicos (N° 36); a retirar inmediatamente a todos los abusadores sexuales de niños conocidos y sospechosos, y remitir el asunto a las autoridades policiales y judiciales pertinentes con fines de investigación y procesamiento penal (N° 44 b); instó a la Santa Sede a investigar debidamente todas las denuncias de los niños, niñas y adolescentes que son separados de sus familias por medio de la manipulación psicológica y asegurar que los responsables de la manipulación de los adolescentes rindan cuentas y cesen sus actividades (N° 51); preocupación por la situación de los niños nacidos de los sacerdotes católicos, quienes, en muchos casos, desconocen la identidad de sus padres. Al Comité también le preocupa que las madres solo puedan obtener un plan de indemnización regular por parte de la Iglesia solo si firman un acuerdo de confidencialidad y se comprometen a no revelar información (N° 33).

Y la lista de recomendaciones continúa, sacando a la luz el catálogo de violencias de diversos colores originadas en la institución religiosa. Las que mencionamos, son sólo a modo indicativo.
4. ¿Tendrá razón David Yallop?

Siete años atrás, cuando vino a la Argentina a presentar su último libro, el autor británico sostuvo: “Entrar en el Vaticano es como lavarse en un mar de hijoputez” (4).
Jugar a la “madre buena” es un papel que le habrá servido en otras épocas para mantener su poder de manipulación de las conciencias y de las sociedades. Levantar la bandera de la ética, arrogarse el rol de “rectora moral” de la sociedad, manteniendo niveles siderales de violencia institucional, no hace otra cosa que hacer extensiva la frase del mencionado autor a la sucursal que el catolicismo romano tiene en nuestro país.

Sus criminales antecedentes, los hechos de violencia que diariamente suceden en la corporación religiosa, el sistema jurídico canónico violatorio de derechos humanos, el trato ultrajante que sufren numerosos colectivos identitarios sean de género, sociales o de otras confesiones religiosas, el mantenimiento de una doctrina que no se cansa de discriminar a aquellos que no concuerdan con ella, con el pensamiento único, y el entrometimiento de los obispos en políticas públicas laicas, son algunos ejemplos que convierten al  documento en una cáscara vacía.
“Felices los que trabajan por la paz”, nuevo documento emitido por la Conferencia Episcopal Argentina, refleja no sólo un nuevo acto de violencia religiosa/clerical, que se suma a la que ya padece en sus diversos matices la sociedad argentina. Es también producto de la amnesia episcopal, hija de su propia senilidad.

Notas
(1) ESQUIVEL, Juan Cruz, Iglesia Católica, política y sociedad: un estudio de las relaciones entre la elite eclesiástica argentina, el Estado y la sociedad en perspectiva histórica, en www.biblioteca.clacso.edu.ar/subida/uploads/FTP-test/clacso/.../esquivel.pdf

(2) Exhortación Apostólica Postsinodal “Sacramentum Caritatis”, Nº 29, www.vatican.va/.../hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_s...
(3) Conferencia Episcopal Argentina, Educación para el amor, Buenos Aires, Oficina del Libro, 2007, página 53.

(4) “Entrar en el Vaticano es como lavarse en un mar de hijoputez”, en www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-95930-2007-12-09.html‎