lunes, 3 de octubre de 2016

MACHISMO RELIGIOSO

Los femicidios ocurridos en nuestra provincia han merecido el repudio de la sociedad entera, incluso, el de los dos obispos católico-romanos que residen en Mendoza quienes con lágrimas de cocodrilo manifestaron su cercanía espiritual con las víctimas y sus familiares.
Invocamos el antiguo refrán popular – emblema del cinismo universal – no sólo para sacar a la luz el sistemático proceder de la iglesia católica en cuanta materia social se trate, sino para recordarle a los monseñoratos - a quienes la sociedad argentina paga un sueldo gracias a una ley del genocida Videla -, que la institución que presiden es una de las usinas universales de la violencia patriarcal.
Cabe recordar que los sujetos en cuestión forman parte de una monarquía teocrática, sexista, dirigida por varones, en su mayoría gerontes y donde las mujeres tienen un rol insignificante producto de la discriminación por su género.
No sólo eso. En la iglesia que presiden, se encuentran todos y cada uno de los tipos y modalidades de violencia contra las mujeres enumeradas en los artículos 5 y 6 de la ley 26.485. Sea en su organización, funcionamiento e ideología totalitaria.
Si bien los tres monoteísmos históricos se llevan mal con las mujeres, enfoquemos la cuestión en el cristianismo en su rama católica-romana, que fue la religión impuesta en estas tierras.
1. Derechos humanos de las mujeres: inexistentes
Como es sabido, la Santa Sede/Vaticano - dos caras del mismo demonio -, no son ejemplos en materia de respeto de los derechos humanos. De 103 instrumentos internacionales, sólo han suscripto poco más de una decena. El último, la Convención contra la corrupción, fue ratificada 13 años después de haber sido dictada porque el aguantadero de lavadores de dinero que lucran con su Banco Central no podía continuar. Está por verse.
Hasta la fecha sigue sin adherir a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y como la ideología que la nutre es generada por el machismo en versión clerical, tampoco ha adherido a la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer.
Amparados en una ficción – el Derecho Divino – su gobierno oligárquico considera que la fundamentación de los derechos humanos tiene una base antropológica y jurídica que no admite la trascendencia, por lo tanto, no tienen por qué adherir. Lo que no se dice, es que el derecho divino siempre es mediado por varones, es decir, sujeto a interpretación y manipulación de los machos-obispos, como acertadamente los califica el médico psiquiatra Enrique Stola.
2. Misoginia institucionalizada
La violencia contra la mujer es marca registrada en el catolicismo romano. Se debe a que los usurpadores del poder institucional – el clero – abandonaron sin prurito alguno el pensamiento de quien afirman fue su fundador.
El movimiento igualitario del primer cristianismo fue suplantado por un modelo misógino apuntalado por personajes nefastos como San Agustín, un prostituyente devenido en casto; el misántropo Santo Tomás de Aquino, quien en la Suma Teológica hacía apología de la sumisión servil de las mujeres hacia los maridos, en la que fueron “colocadas por la naturaleza, porque la naturaleza misma ha otorgado al hombre más discernimiento”. Agrega el autor al papa León XIII quien en la encíclica Inmortale Dei anuncia a las mujeres la “Buena Nueva” de los “varones” (1).
La violencia que sufren las mujeres dentro de la iglesia católica también ha sido destacada por el teólogo español Juan José Tamayo – condenado y censurado por el Vaticano – quien ha señalado cómo el patriarcado clerical coloca a las mujeres en una situación de subordinación y sometimiento: No son consideradas sujetos morales, porque la doctrina moral la elaboran varones conforme a unos principios patriarcales. No son sujetos teológicos porque la doctrina teológica también la elaboran varones, a partir de una Congregación para la Doctrina de la Fe que impone una autoridad que no necesariamente es la que mejor responde al espíritu originario del cristianismo. No son sujetos religiosos ya que no pueden acceder a la esfera de lo sagrado si no es través de la mediación de los varones (sacerdotes, obispos, papa…). No son sujetos eclesiales ya que no pueden ejercer funciones directivas, ni asumir puestos de responsabilidad en la comunidad cristiana, sin estar supervisadas por un sacerdote, que es varón” (2).
La violencia de género no sólo se refleja en aquellos aspectos. Jurídicamente, el Código de Derecho Canónico se encarga de tutelarla al abordar el estatuto jurídico de los laicos. Surge más claramente si se lo compara con el que tienen los clérigos. Es decir, la igualdad jurídica y de trato hacia las mujeres no existe en el catolicismo romano.
3. Imágenes femeninas: construidas por el machismo clerical
Como señala la doctrina oficial católica, la mujer no es ni puede ser imagen de Cristo. Entonces, ¿cuáles son las imágenes que el machismo clerical ha construido a lo largo de su historia?
Cuatro son las que estudiosos como Guy Bechtel destacan, ellas son: la puta, la bruja, la santa y la tonta. Cualquiera de ellas puede encontrarse en las escrituras que los obispos consideran sagradas, como también en elaboraciones teológicas posteriores al canon bíblico.
La imagen de la santa remite directamente a la de la virgen. Pero acá también hay una grosera manipulación del machismo clerical. Deschner lo explica con claridad:
“Así que únicamente María, pura, sin mancha, virgen ante partum, in partu y post partum, se convirtió al final en la gloriosa antagonista —en todo— de Eva, de la pecadora, de la culpable, de la compañera de la serpiente —es decir, del falo—, de la mujer. Y cuanto más se ensalzaba a la Virgen, tanto más se degradaba a todas las mujeres (naturales y vivas). Por una parte, una incomparable hiperdulía; por la otra, una difamación casi infinita. Ambas cosas mantenían una inconmovible reciprocidad” (3).
Aquello es poco. El machismo clerical también se extendió a la virgen - la valquiria más importante del catolicismo - convirtiéndola en instrumento del patriarcado: “esclava del Señor” y “sierva de Dios”, es decir, del sacerdote”, según el teólogo alemán.
¿Eso quiere decir que en el catolicismo romano existe una sola visión de la mujer, construida sólo por varones machistas? Por supuesto que no. Surge, pues, la perspectiva feminista de católicas comprometidas, que intentan darle coherencia a su religión rompiendo los cánones machistas fijados por el clero. La larga lista de teólogas censuradas, sobre todo por el tándem Juan Pablo II-Benedicto XVI, es un ejemplo.
El problema es que el feminismo católico, crítico del androcentrismo interno, es repudiado por el poder eclesiástico-machista. No existe ni existirá con ellas “cultura del encuentro”.
Surge acá lo que los obispos llaman “ideología de género”, un enemigo declarado del machismo clerical y contra el cual no retacean en insultar cada vez que pueden y al que le atribuyen la disolución de la familia (versión clerical), e ir contra la naturaleza de los sexos. Precisamente, el modelo de familia que contribuye al mantenimiento de la estructura social patriarcal y a la subordinación incondicional de las mujeres.
4. Lobby machista-clerical contra las mujeres. El papel de Bergoglio
Con aquel bagaje discriminatorio y violento, la iglesia hace lo imposible por impregnar la cultura de la sociedad secularizada y los obispos pretenden influir en las políticas públicas de los estados, siempre y cuando encuentren sectores políticos serviles que hacen de la ignorancia su bandera.
Se observa en aquellas leyes y políticas que tienen que ver con la autonomía de las mujeres, sean para ejercer su sexualidad, o disponer de su cuerpo ¡Nada de disponer del cuerpo!, salvo para flagelarse en un convento de monjas, ahí sí tienen permiso y se les concede libertad de elección y decisión.
Por su parte, Bergoglio, aparentando apertura, trata de acercarse al colectivo femenino mediante la creación de una comisión interna que estudiará los antecedentes del diaconado.
Pero su demagogia es brutal. De instaurarse, las diaconisas serán subalternas de curas, obispos, cardenales y del propio papa, perpetuando el estado de humillación y servidumbre, en palabras del teólogo español.
5. Lágrimas de cocodrilo: los neofariseos con sotana fingen dolor
Dice el escueto - y no menos hipócrita - comunicado emitido por los obispos:
“Nos debemos un debate sereno y honesto, haciéndonos cada uno cargo de la cuota de responsabilidad que podamos tener en esta lamentable situación en la que nos encontramos y en buscar los medios eficaces para revertirla” (4).
Pasando por alto la cursi fraseología eclesiástica, se les podría preguntar cómo y cuándo se harán cargo de la cuota de responsabilidad que tienen en la generación de violencia patriarcal. Si podrán abandonar el fariseísmo - que causa náuseas a la sociedad secularizada - y trabajar para que su religión deje der ser causa estructural de la violencia contra las mujeres.
Sostiene De Paoli: “La autoridad eclesiástica, desde hace siglos, ha establecido una “cadena asociativa” entre mujer-pecado-subordinación, así como entre varón-poder-violencia. El pecado original se le achaca a Eva y la acción salvadora de Dios se realiza por medio del sexo masculino. Los hijos de Dios tienen el monopolio de la representatividad de Cristo, las hijas de Eva la del pecado” (5).
Las causas de la violencia contra las mujeres en la sociedad son numerosas. Todas se generan dentro del sistema patriarcal del cual la iglesia católica, con sus dogmas, doctrinas, imágenes y ritos, es uno de sus pilares históricos.
No en vano, el genial teólogo español citó a la filósofa feminista Mary Daly para ilustrar la vergonzosa discriminación y violencia que padecen las mujeres en el catolicismo romano: “Si Dios es varón, entonces el varón es Dios”. ¡Patriarcado en estado puro! (6).


Notas
(1)   De Paoli, Luigi, Psicoanálisis del Cristianismo, en http://www.ildialogo.org/parola/approfondimenti/PsicoanalisisdelCristianismo.pdf
(2)  Tamayo, Juan José, Otra teología es necesaria, en http://www.atrio.org/author/juan-jose-tamayo/ 
(3)  Deschner, Karlheinz, Historia Sexual del Cristianismo, p. 120,   http://www.ignaciodarnaude.com/textos_diversos/Historia%20Sexual%20del%20Cristianismo,K.Deschner.pdf
(4)   “Cercanía espiritual con las víctimas”, http://www.mdzol.com/opinion/696744-cercania-espiritual-con-las-victimas/
“Sin hablar de "femicidio", la Iglesia llamó a un "debate sereno", en http://www.mdzol.com/nota/696746-sin-hablar-de-femicidio-la-iglesia-llamo-a-un-debate-sereno/
(5)  Ibídem.
(6)  http://www.redescristianas.net/mujeres-diaconisas-y-subalternasjuan-jose-tamayo-director-de-la-catedra-de-teologia-y-ciencias-de-las-religiones-universidad-carlos-iii-de-madrid/




lunes, 7 de marzo de 2016

FEMICIDIO Y RELIGIÓN

Los recientes femicidios de dos jóvenes mendocinas han vuelto a traer al debate público un flagelo social que parece no tener fin. Un sinnúmero de análisis, opiniones y declaraciones en diversos escenarios y foros claman por ponerle un punto final. Sobre todo, se enfatiza en el necesario cambio cultural que la sociedad en general, y los varones en particular, debemos llevar a cabo.
Ahora bien, el cambio cultural implica analizar los distintos componentes que alimentan el flagelo y entre ellos nos encontramos con el religioso.  
Sostener que las religiones son la causa de los femicidios sería injusto y convertiría el análisis en mero reduccionismo. Por el contrario, ante la muerte, muchas veces la religión es un bálsamo no sólo espiritual sino psicológico que permite a los deudos encontrar un legítimo consuelo.
Sin embargo, la religión como hecho cultural no debería pasar desapercibida como usina generadora del sistema patriarcal y su hijo dilecto, el machismo, con una cuota no menor de responsabilidad en la violencia que las mujeres padecen diariamente en cualquier parte del planeta. Alcanza con acercarse a los sistemas doctrinarios y jurídicos de los tres monoteísmos históricos – cristianismo, judaísmo e islam – para comprobarlo.
Si enfocamos en el primero, siglos de existencia del sistema denominado civilización occidental y cristiana han permitido la imposición de una cosmovisión donde la imagen y el papel atribuido a las mujeres no ha sido el más favorecido, en especial, por el fenomenal bagaje de violencia simbólica que contiene.
En palabras del teólogo José María Castillo, la religión como hecho cultural comprende ritos, liturgias, templos, música, atuendos, símbolos, procesiones, pero también un componente doctrinario e ideológico que, en el caso del catolicismo romano, religión totalitaria e impuesta en nuestro continente, es también dogmático y clericalizado.
Aquel componente doctrinario podría ser – como veremos a continuación - la pata religiosa de la cultura que sirve de caldo de cultivo a los femicidios.

1. Las escrituras “sagradas”: un compendio de violencia contra las mujeres
Dice el Catecismo católico (N° 95): «La santa Tradición, la sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas» (1).
En primer lugar, el prudente plan de Dios lo encontramos en la biblia, conjunto de libros que no trata muy bien que digamos a las mujeres, sobre todo, en el Antiguo Testamento. Fue Pepe Rodríguez quien sistematizó la cantidad de versículos donde campea a sus anchas la violencia contra ellas. En total destacó 96 versículos entre violaciones (11), tratar a las concubinas como objetos sexuales (39), las mujeres como botín (19), prostituidas (9), como también asesinatos masivos de mujeres (18) (2).
Antiguo Testamento que sigue vigente, conforme la Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, que dice en su N° 14: “La economía, pues, de la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: "Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza, fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la esperanza" (Rom. 15,4)” (3).
Texto actual se haga una lectura literal o por géneros literarios. Da igual. La violencia contra las mujeres, que el cristianismo versión católico-romana consagra en la primera parte de la biblia, es sagrada.
Mientras que en el Nuevo Testamento aparece el estereotipo de la virgen, una valquiria plagiada de otras religiones orientales, donde según el autor precedente, nacer de una virgen fertilizada por Dios era un mito pagano muy corriente en el mundo antiguo anterior a Jesús.
Si la biblia católica – manipulada a más no poder por el alto clero - les impuso a las mujeres el estereotipo de virgen (también madre), sus teólogos le sumaron el de la puta, la bruja, la santa y la tonta, según sostiene Guy Bechtel. Y siempre como consecuencia de su debilidad e inferioridad original.
Resulta una obviedad decir que en la teología oficial, elaborada por el clero machista y patriarcal, el conjunto de mujeres cristianas con autonomía intelectual y moral, o admitidas con trato igualitario por el Galileo, están bien olvidadas en sus archivos.     

2. Religiones e igualdad de derechos de las mujeres: una quimera
Si es grave que en nuestra cultura se sigan admitiendo los patrones estereotipados de las religiones que alimentan la violencia contra nuestras compañeras en la vida, mucho peor aún es lo que sucede en materia de derechos, avalado por los sistemas jurídicos religiosos. Con observar lo que sucede en el islam alcanza y sobra.
Pero el catolicismo romano no la va en zaga. Hay que tomar aliento para leer el esperpento normativo llamado Código de Derecho Canónico, usina jurídica que convalida el trato discriminatorio de las mujeres por el hecho de serlo, en especial, en materia de acceso a puestos de dirección y sacerdocio.
Fue el teólogo Juan José Tamayo quien sintetizó el papel de las mujeres en la religión católica: “No son consideradas sujetos morales, porque la doctrina moral la elaboran varones conforme a unos principios patriarcales. No son sujetos teológicos porque la doctrina teológica también la elaboran varones, a partir de una Congregación para la Doctrina de la Fe que impone una autoridad que no necesariamente es la que mejor responde al espíritu originario del cristianismo. No son sujetos religiosos ya que no pueden acceder a la esfera de lo sagrado si no es través de la mediación de los varones (sacerdotes, obispos, papa…). No son sujetos eclesiales ya que no pueden ejercer funciones directivas, ni asumir puestos de responsabilidad en la comunidad cristiana” (4).
Con aquella impronta, el catolicismo sale a la esfera pública a impregnar la cultura, y como es obvio, utiliza su brazo secular - que actúa infiltrado o no en los órganos de los estados - para negar derechos, juzgar conforme sus estereotipos, o gobernar anteponiendo los intereses del clero al de la sociedad.
No es de extrañar que aquellos cuadros que gestionan la cosa pública fácilmente violen la ley 26.485 - de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales-, ya sea fomentando la violencia psicológica o simbólica, o avalando las modalidades de violencia institucional, laboral, contra la libertad reproductiva u obstétrica.

3. ¿Podrá cambiar la religión?
Las religiones no son la causa de los femicidios, pero el componente cultural-religioso que los fomenta es indudable. ¿Qué aportes podrían hacer? ¿Alcanza con encender una vela, un responso, o hacer declaraciones dirigidas a los sentimientos? Estos gestos sólo alcanzan para acompañar solidariamente y respetar el dolor de los familiares, lo que no es poco, pero no suficiente.
Cambiar la cultura que sirve de caldo de cultivo a los femicidios también exige un cambio en las religiones, en su organización, funcionamiento, pero sobre todo, en su componente doctrinario. Máxime cuando utilizan al estado y a la educación para bombardear a la sociedad con tradiciones y costumbres de ese cuño y con pretensiones de naturalizarlas. De ahí la responsabilidad que tienen los credos en eliminar de raíz todos aquellos aspectos de sus propios idearios que impliquen violencia contra las mujeres.
¿Se animarán a hacer sus cambios internos para no seguir insuflando la cultura patriarcal y machista, causa primera de los femicidios?
¿Querrán hacerlo?

Notas
(1) http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c2a2_sp.html#I La tradición apostólica
(2) Rodríguez, Pepe, Mentiras fundamentales de la  iglesia católica, ediciones B, Barcelona, 2011, p. 85.
(3) www.vatican.va/.../hist.../vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html 

(4) Tamayo, Juan José, Otra teología es necesaria, en http://www.atrio.org/author/juan-jose-tamayo/ 

domingo, 14 de febrero de 2016

SPOTLIGHT Y LA OMERTÁ CLERICAL

Dos hechos relevantes en materia de abusos sexuales del clero católico han sucedido en estos días. El primero, tiene que ver con el estreno del film Spotlight, que narra el trabajo de investigación que periodistas del periódico Boston Globe llevaron a cabo para descubrir la red de encubrimiento clerical respecto a miles de abusos sexuales.
El segundo, tiene que ver con la visita del papa Francisco a México que, como todo viaje al exterior de un monarca católico, se lo barniza con un color religioso, apostólico, pero que tiene motivaciones y objetivos políticos, sociales y económicos bien determinados.
El problema en México tiene aristas especiales. Es que en ese país vivió el megalómano y delincuente llamado Marcial Maciel Degollado, fundador de la asociación seglar Regnum Christi y de la secta Legionarios de Cristo (eufemísticamente llamada “Millonarios de Cristo”, por su voracidad por el dinero), un sinvergüenza que no sólo abusaba de seminaristas sino de sus propios hijos, a quienes también drogaba. Su protector (y encubridor), fue Juan Pablo II.
La doble vida del cura salió a la luz luego de su muerte, cuando sus herederos reclamaron la herencia. Que los curas tengan doble vida es un fenómeno de vieja data en el catolicismo romano, donde no pocos obispos les dan el guiño con tal que no abandonen la institución y no haya escándalo. Mantener pareja e hijos en la clandestinidad es moneda corriente, no importando la orientación sexual del cura.
La otra arista es la del cardenal Norberto Rivera Carrera, una “eminencia” en encubrir a curas abusadores de su país. Uno de los casos más relevantes fue el del sacerdote Nicolás Aguilar a quien – con la complicidad del arzobispo de Los Ángeles Roger Mahony – se lo protegió para que no rindiera cuentas ante la justicia mexicana. Las víctimas de este abusador fueron 26. El cardenal fue íntimo amigo de Maciel.
No debe llamar a engaño la época en que el azote de los abusos sexuales tomó estado público. Forma parte del ADN del clero católico romano, y su encubrimiento, el sistema que impregna la institución. Que se haya conocido con impulso a partir del año 2000, como lo narra la película, no significa que no existiera desde tiempos pretéritos.
Desde el obispo Atenágoras (177) y los concilios de Elvira (305) y Ancira (314), pasando por los libros Penitenciales (como el del arzobispo Egberto del siglo VIII, luego atribuido a Beda, el Venerable) y el Liber Gomorrhianus, escrito por Pedro Damián en 1051, hasta el Decreto de Graciano publicado en 1140, y la bula Horrendum del papa Pío V en 1568, puede observarse la vasta extensión y profundidad del problema. El propio Dante Alighieri hizo referencia a la cuestión en La Divina Comedia   
Al histórico flagelo se le sumó un agravante: el modo de solucionarlo. La institución fue más exigente cuando comenzaron a surgir los delitos, mientras que con el devenir del tiempo el secretismo y ocultamiento fueron la política para enfrentarlo. El iniciador de este nefasto comportamiento fue José de Calasanz, fundador de los Escolapios.                
Secretismo, ocultamiento y silencio, son los ejes sobre los que funciona la institución en la materia y sus consecuencias no son otras que el abuso de poder, la denegación de justicia a las víctimas y un accionar ilegal, contrario al derecho internacional de los derechos humanos.
1. Spotlight, o cómo un medio de comunicación enfrenta al demonio clerical
Aquellas variables son las que el film muestra y todas responden al modus operandi que la Iglesia Católica sigue aplicando como si fuese un decálogo, en palabras del psicólogo español Pepe Rodríguez.
Entre las etapas del accionar delictivo de la institución señaladas por el autor se destacan el  inicio de acciones disuasivas con el agresor y la víctima; el encubrimiento del agresor y de los hechos antes de que afloren; la toma de medidas para reforzar el ocultamiento; la negación de los hechos cuando se hacen públicos; la defensa pública del agresor sexual y atribución de méritos; la descalificación pública de la víctima y de su entorno; la atribución paranoide de las acusaciones a campañas orquestadas por “enemigos de la Iglesia”; la protección del abusador sexual.
Aquellas etapas se desarrollan dentro del marco normativo eclesiástico, contrario al derecho internacional, cuyas características son la orden a las víctimas de guardar silencio; investigaciones marcadas por el secreto pontificio, dispuesto premeditadamente por sus propias normas; la privación a las víctimas de participar en los procedimientos de investigación; impunidad de la situación y trato vejatorio hacia aquellas.
No hay una sola garantía para las víctimas. Mientras se desarrolla el procedimiento canónico, perfectamente pueden seguir violando niños, niñas y jóvenes.
2. Las medidas de Francisco: reforzar la omertá clerical
El flagelo que la película muestra tan claramente continúa con la misma intensidad, a pesar de las medidas que el papa argentino ha tomado para reducirlo. Pero en este campo, como en los numerosos frentes de corrupción que tiene, los resultados son paupérrimos. Podría decirse que sus medidas han reforzado los códigos mafiosos de la institución.
El fingimiento no ha estado ausente: misas, encuentros con las víctimas (cuidadosamente seleccionadas para que no hayan sorpresas), vacíos e hipócritas pedidos de perdón, declaraciones sentimentaloides, son lágrimas de cocodrilo que lo único que producen es la revictimización y manipulación de las personas dañadas.
Las medidas de Bergoglio pasan, en primer lugar, por la creación de la Comisión Pontificia para la Tutela de Menores integrada por sacerdotes, teólogos, psiquiatras, abogados, donde se destaca la presencia de dos víctimas de abuso sexual: Marie Collins y Peter Saunders.
Esta comisión ya tuvo una crisis cuando el mencionado Saunders increpó al cardenal Pell calificándolo de sociópata y acusándolo de estar jugando con la misma. Como no podía ser de otro modo, fue separado días pasados como consecuencia de sus críticas respecto a la lentitud en el funcionamiento de la comisión, sus escasas respuestas al problema y porque intentó que una víctima del sacerdote chileno Fernando Karadima, abusador contumaz, expusiera ante ella. La obsecuencia y servilismo que imperan en cualquier organismo católico son enemigos de la crítica y la libertad de expresión. El desorden narcisista, prevalece.
La comisión que es sólo consultiva, sin ningún tipo de poder dentro del Vaticano, es una pantalla. Quieren demostrar que hay preocupación y acciones concretas, pero en la práctica cumple el mismo código mafioso de la institución religiosa, haciendo realidad una frase atribuida a Juan Domingo Perón, referente político de Bergoglio, quien decía: “Si quieres que algo no funcione, crea una comisión”.
Mientras tanto, el encubrimiento de abusadores y la denegación de justicia siguen intactos.
En segundo lugar, creó en 2015 un Tribunal para juzgar obispos que no hubieren escuchado a las víctimas - o bien sus familias, o cualquier persona que tenga noticias de la supuesta negligencia –, de modo que puede presentarse una denuncia a través de la Congregación de los Obispos, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, o la Congregación de las Iglesias Orientales. Una vez estudiada la denuncia (de modo secreto,  anulando la participación de los denunciantes), se remite directamente al Vaticano, a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Pero eso es una trampa perversa. Cualquier obispo que sea llevado a ese organismo dirá que fue la propia Congregación para la Doctrina de la Fe la que, oportunamente, ¡le dio las instrucciones para proteger a los curas pederastas!
Es un grosero engaño a las víctimas, propio de mentes facinerosas.  
3. Señales que refuerzan el statu quo  
Si las medidas comentadas profundizan el encubrimiento institucional de los abusadores, el propio papa se ha encargado de enviar señales que no hacen otra cosa que consolidarlo.  
Hablamos no sólo del aval a cardenales señalados como encubridores – y que formaron la “sucia docena” que participó del cónclave que eligió a Francisco – para formar parte de organismos vaticanos (Sean O'Malley, Oscar Rodríguez Madariaga, George Pell, por ejemplo), sino del nombramiento del sacerdote Juan Barros como obispo de Osorno, acusado de encubrir decenas de abusos sexuales, entre ellos, los llevados a cabo por el mencionado pederasta Fernando Karadima. Ante las duras quejas de los católicos de Osorno, dijo el papa: “Piensen con la cabeza y no se dejen llevar por acusaciones infundadas de los zurdos”, y mantuvo el nombramiento.
No menos bochornosa fue la salida en secreto de República Dominicana del nuncio vaticano Jozef Wesolowski, abusador de menores quien – oficialmente -, murió antes de que fuera enjuiciado por sus delitos, no por un tribunal imparcial sino en el Vaticano. Este delincuente, estaba protegido dentro de los muros vaticanos para que no rindiera cuentas ante las autoridades del país caribeño.
Y si hablamos del film Spotlight hay que decir que el responsable clerical de iniciar las investigaciones del periódico – cardenal Bernard Law – también fue sacado de Boston en secreto.
Juan Pablo II lo premió nombrándolo Arcipreste de la basílica romana de Santa María la Mayor. Apenas fue nombrado papa, y al visitar dicho templo, dicen que Francisco divisó a Law y - supuestamente - comentó a los que le acompañaban: "No quiero que frecuente esta Basílica".    
Han pasado casi tres años del episodio y no hay ningún indicio de que Francisco ponga a Law a disposición de las autoridades norteamericanas – que aún lo reclaman - por casi 1.000 casos de encubrimiento de abusos sexuales de niños y ocultamiento de información.
Finalmente, las afirmaciones del obispo Anatrella, consultor del Pontificio Consejo para la Familia y del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, dejan en claro la atmósfera delincuencial que se respira en la materia.
En un documento interno sostuvo que “no es necesariamente el deber del obispo denunciar sospechosos a las autoridades, la policía o los fiscales en el mundo en el que toman conocimiento de estos delitos o hechos pecaminosos”, sino que corresponden a la víctima o su familia. Parece que el prelado tuvo un súbito ataque de amnesia y olvidó lo que su ley moral y el catecismo le obligan en los nros. 1950, 1954, 1955 y siguientes.
Sus palabras recuerdan la carta que el preboste y cardenal Darío Castrillón Hoyos le escribió en 2001 Pierre Pican, obispo de Bayeux, a quien dijo: "Lo felicito por no haber denunciado a un sacerdote a la administración civil. Lo has hecho bien y estoy encantado de tener un compañero en el episcopado que, a los ojos de la historia y de todos los obispos del mundo, ha preferido la cárcel antes que denunciar a su hijo-sacerdote".
4. Iglesia Católica: experta en tratos inhumanos y degradantes
Cien mil casos en Estados Unidos, según estimaciones de la organización SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests); treinta y cinco mil en Irlanda entre 1930-2000, de acuerdo a los informes Ryan y Murphy, que además destacaron la connivencia entre la jerarquía eclesiástica, las autoridades del Estado, entre ellas la propia policía y la Fiscalía (mismo método que puede verse en Spotlight), son sólo dos ejemplos del alcance que tiene este nuevo genocidio llevado a cabo por la Iglesia Católica.
Argentina no es la excepción. Decenas de víctimas han presentado reclamos en diversos obispados y en ninguno de ellos se les ha garantizado el libre acceso a las actuaciones, el derecho a la información y la defensa en juicio. Y en el caso donde hubo respuesta del Vaticano, donde está involucrado un cura que un obispado del litoral argentino escondió una vez que tomó estado público la situación, la misma es tan arbitraria y absurda que no hizo otra cosa que confirmar el accionar ilegal de la institución y sus autoridades.
No en vano, el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas en 2014 determinó que el Vaticano había violado la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, en los casos en que podía haber impedido abusos sexuales y no lo hizo.
Una nueva condecoración a nivel mundial en su largo historial de crímenes.
Abog. Carlos Lombardi

Asesor de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina

domingo, 6 de septiembre de 2015

LA CARTA DEL ENGATUSADOR

Un impactante titular periodístico referido al papa católico apareció en los principales medios. En el marco del Jubileo de la Misericordia, Francisco envió una carta al presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, en la que dispuso el perdón que podrán administrar los sacerdotes a quienes cometieron o estuvieron involucrados en abortos.
El jubileo es una fiesta originaria de la religión judía. Pero como todo lo que ha hecho a lo largo de su historia, el catolicismo romano copió la celebración, aunque no con inocencia. En los jubileos se conceden “indulgencias”, concepto de la teología católica que implica el perdón de la pena temporal de los pecados de los fieles. Chantaje histórico que se cobraba en dinero contante y sonante, denunciado por los teólogos John Wyclif  y Juan Huss, constituyó una de las principales causas de la Reforma de Lutero, reportándole fabulosos beneficios a la iglesia, con tráfico económico y construcción de la Basílica de San Pedro incluidos.
Utilizando ese nefasto antecedente, el papa envió la carta cuyos destinatarios, como es lógico, son los fieles católicos, y en especial, los enfermos y ancianos imposibilitados de salir de sus hogares, las personas privadas de su libertad y los difuntos.
Sin embargo, la mención a los difuntos le permitió incluir, dentro del perdón masivo, a las mujeres que hubieren abortado y a sus colaboradores. Dijo Bergoglio: “Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza” (1).
Y a renglón seguido, concedió a todos los sacerdotes la facultad de absolver el pecado del aborto a quienes lo hubieren practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón. Hizo extensiva la medida a los integrantes de la Fraternidad de San Pío X, una de las ramas del extremismo católico, aunque institucionalmente separados por rechazar los postulados del Concilio Vaticano II.
La artimaña no es casual. Se enmarca en el plan de blanqueo del sepulcro donde el doble discurso y la demagogia son los pilares que lo sostienen, pero que a su vez meten al papa en un callejón sin salida en varios aspectos.
1. El estatuto fundante de Francisco: conservadurismo demagógico
Recordemos lo que apologistas de Bergoglio manifestaban apenas fue electo: “Porque la revolución que se propuso es si se quiere cultural, fundamentalmente actitudinal. O sea, dejar atrás un extendido espíritu inquisitorial, culposo, triste y reglamentarista (léase un catálogo de prohibiciones) del catolicismo, macerado durante siglos, para colocar en el centro la esencia del Evangelio: el amor, y así privilegiar la cercanía a la gente y la comprensión” […] “Y haciendo, en fin, que la Iglesia sea una acogedora casa de todos. Pero para ello no traiciona las creencias y preceptos, sino que cambia el orden de prelación: Primero el Evangelio, después la doctrina y, finalmente, las normas morales. Y todo sin juzgar, sino buscando comprender y perdonar” […] "No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible". Y redondea: "Ya conocemos la opinión de la Iglesia (…) y no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar" (2).
La facultad que otorgó en la carta a sus colegas de sotanas se encuadra en aquél estatuto. Se perdona el aborto, se finge bondad, misericordia, pero no se cambia una coma las condenaciones, anatemas y espíritu inquisitorial contenido en la ideología, doctrinas y normas jurídicas contenidas en el Código de Derecho Canónico, cuyo canon 1398 sigue considerándolo como delito.
Mucho menos se modifica el dogma del castigo eterno (el castigo por el castigo mismo), para quienes hubieren cometido el pecado ¿Cómo se conjuga ese dogma con el espíritu misericordioso que publicita Francisco?
A partir de ahora ¿el aborto no es pecado, ni delito canónico? ¿Está autorizado? ¿Hay apertura respecto al tema? ¡Claro que no! La carta de Francisco ha sido un nuevo acto para fascinar a los embobados.
2. La pantomima de la defensa de la vida
¿Qué autoridad moral tienen el papa, los obispos y la iglesia católica para ponerse en defensores de la vida? Ninguna. Ni el comportamiento institucional – desplegado a lo largo de la historia - como tampoco la propia imagen de su deidad - inventada por el misógino Pablo de Tarso y completada por la ideología clerical -, permiten sostener lo contrario.
Guerras y terrorismo religiosos; exterminio del paganismo; intolerancia contra otras religiones; persecución y muerte a las mujeres calificadas de “brujas”; hogueras contra los herejes; antisemitismo; rapiña económica; colonización y saqueo; esclavitud; muerte al campesinado; son pruebas irrefutables que demuestran que la defensa de la vida, históricamente, no ha sido una prioridad en la institución religiosa.
Nuestro país también ha sido víctima de las fechorías clericales. Basta recordar la participación de la cúpula eclesiástica en las desapariciones, tortura, y robos de bebés en los centros clandestinos de detención de la última dictadura cívico-militar-católica.
Más adelante en el tiempo, la iglesia mantiene una deuda inconmensurable con la vida de los niños y niñas abusados sexualmente por el clero, encubierto sistemáticamente por los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. El incumplimiento por parte de la Santa Sede de las Convenciones sobre los Derechos del Niño y contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes - advertido por la ONU – así lo confirman.
Se suman a esos aberrantes hechos cientos de casos de violación de monjas por parte de clérigos, embarazadas y obligadas a abortar, producidas en Burundi, Brasil, Colombia, India, Irlanda, Nueva Guinea, Filipinas, Estados Unidos e Italia. Circunstancia que motivó que el Parlamento Europeo dictara en 2001 la Resolución "Sobre la violencia sexual contra las mujeres y en particular contra religiosas católicas" (3).
Y si la historia no ayuda, tampoco su dios sanguinario. Ha sido Pepe Rodríguez uno de los pocos estudiosos en sistematizar la descomunal violencia física, psicológica y simbólica que contiene la biblia católica. Entre cientos y miles son los versículos dedicados a matar o dar muerte violenta, apedrear, lapidar, degollar, pasar a cuchillo, matar a filo de espada; relatos de guerras, exterminios masivos, no dejar supervivientes, aniquilar, arrasar, destruir; ejercer violencia contra las mujeres, violaciones, mujeres como botín, mujeres prostituidas, asesinatos masivos de mujeres y niños, son los ejemplos de defensa de la vida que figuran en el principal libro sagrado del catolicismo romano (4).
Aunque nada de eso cuenta para el papa argentino, mucho menos para sus seguidores. Como se preguntaba un crítico alemán: “¿Acaso los grandes números estremecieron alguna vez a los “creyentes” o hicieron vacilar su imagen del mundo? ¿Acaso no se habituaron a la energía criminal de los suyos? ¿Acaso no hablan duchos abogados de sus pastores supremos, de lo “esencial” en el cristianismo, de la fe y del dogma, incluso de Dios, esa última instancia de firme pero de inasible textura contra la que se estrellan como contra un rompeolas las fechorías de los cristianos? Ya sabrá ese Dios enderezarlo todo” (5).
3. El perdón papal: violencia y manipulación disfrazadas de buenismo
La charlatanería beata sobre el aborto - cuyo efecto inmediato ha sido hacer creer y embobar – dejó al descubierto el aspecto más perverso - el del perdón -, cuyo trasfondo psicológico tiene efectos devastadores, por supuesto, para las mujeres.
El psicoanalista Luigi De Paoli fue quien destacó la violencia que el pensamiento y las acciones de los papas ejercen contra las mujeres, dentro de lo que llama “amalgama violencia-amor”, es decir, una fórmula compuesta por las buenas acciones de la iglesia sumada a la violencia extrema y sed de venganza que nutre su doctrina, una especie de “sadismo celestial”.
Sostiene que “Si una mujer (o una monja) sufre violación, está obligada por ley eclesiástica (patriarcal) a completar un embarazo repugnante y a no ver reconocidos sus derechos, porque los del feto son prioritarios. En la ideología papal no pueden tener un peso igual los derechos de la mujer y los del otro, ya se trate de feto, hombre o violador. El embrión tiene el derecho de convertirse en persona, con libertad de pensamiento y acción, pero no así la mujer que ha sido violada. Según el Magisterio, el violador puede, paradójicamente, forzar a la mujer a “sacrificarse”, hasta el punto de tener que amar al embrión y proveer a su mantenimiento.
A esto conducen las premisas del Magisterio, fundamentadas sobre la dicotomía mujer víctima y hombre sacrificador, donde la mujer es una mera subalterna del hombre (y del orden sacerdotal masculino) en virtud de leyes presentadas como naturales y divinas.
La autoridad eclesiástica, desde hace siglos, ha establecido una “cadena asociativa” entre mujer-pecado-subordinación, así como varón-poder-violencia. El pecado original se le achaca a Eva y la acción salvadora de Dios se realiza por medio del sexo masculino. Los hijos de Dios tienen el monopolio de la representatividad de Cristo, las hijas de Eva de del pecado” (6).
Es decir, una mujer condenada biológicamente a adecuarse a cánones establecidos por el poder androcéntrico, perdón incluido.
4. Interrupción del embarazo: ¿asunto religioso, o problema de los estados laicos?
Sin perjuicio de las contradicciones históricas del catolicismo romano, de su crónica violencia institucional, de su autoridad vacía de contenido, y del estrepitoso fracaso de su moral, la cuestión del aborto sigue más vigente que nunca por la sencilla razón que no es un problema religioso sino jurídico, político y social, de derechos humanos de las mujeres, que debe ser resuelto por los estados. Cuestión temporal respecto a la cual la iglesia católica carece totalmente de competencia.
Encuadrarlo dentro de los derechos humanos permite asociarlo a un segundo problema: dentro de los monoteísmos históricos, la violación de derechos de las personas (sobre todo, de las mujeres), es un fenómeno de extraordinaria dimensión. Es decir, la iglesia no sólo entorpece el ejercicio de derechos de los ciudadanos y ciudadanas puertas afuera, entrometiéndose en asuntos estatales, invadiendo la libertad de conciencia, sino que puertas adentro los viola sin ningún tipo de miramientos, basado en el abuso de poder y el autoritarismo machista que impera en ella.
No es, entonces, un fatuo gesto de perdón, una mueca cursi, una parodia religiosa, lo que las católicas (y no católicas), necesitan, sino que un anciano que sólo representa a una oligarquía cruel y repugnante deje de entrometerse en la conciencia y la libertad de decisión y elección de nuestras compañeras en este mundo.
Y sobre todo, si le queda algo de dignidad, debería aprender a cerrar la boca y guardar silencio, cuando menos, para respetar a las miles de mujeres muertas por realizarse abortos en la clandestinidad por su condición de pobreza que su iglesia no se cansa de fomentar.

Notas
(1) “El Papa explica el Jubileo de la Misericordia y el perdón del aborto”, en www.zenit.org/.../el-papa-explica-el-jubileo-de-la-misericordia-y-el-perd...
(2) Rubín, Sergio, “El mensaje del Papa Francisco provoca una revolución cultural”, en www.clarin.com/.../mensaje-Papa-provoca-revolucion-cultural_0_99770...
(3) “La Iglesia reconoce la violación sistemática de monjas por parte de curas y misioneros en 23 países”, en www.sociedad.elpais.com/sociedad/2001/03/20/.../985042803_850215.html
(4) Rodríguez, Pepe, Los pésimos ejemplos de Dios, Ediciones B, Barcelona, 2011, p. 84/85.    
(5) Deschner, Karlheinz, El Anticatecismo, Zaragoza, Yalde, 1990, p. 44.
(6) De Paoli, Luigi, Psicoanálisis del Cristianismo, en www. www.feadulta.com/es/.../item/2065-psicoanálisis-del-cristianismo.html, p. 84


lunes, 13 de julio de 2015

TEDEUM AUTORITARIO

El nuevo aniversario patrio permitió escuchar las quejas de un integrante de una de las clases privilegiadas de Argentina, y reflexionar acerca del atraso en que se encuentra la república y la democracia cerca del bicentenario de la independencia.

En cada fecha patria, los obispos católicos reeditan el tradicional “Te Deum” (a Ti, Dios) - incorporado al diccionario RAE como “tedeum” – al que asisten, no por imperativo legal sino por costumbre que hecha sus raíces en el nefasto clericalismo político, no pocos dirigentes y funcionarios electos por el pueblo.

En ese acto político, disfrazado de “ceremonia litúrgica”, los prelados utilizan sus púlpitos para cumplir el rol de actores políticos, el que siempre tuvieron, aunque lo nieguen. Y en esta ocasión, se destacó el sermón del obispo residente en la provincia de Tucumán, quien elaboró un discurso plagado de consignas contrarias a la república y la democracia.
Que un ciudadano argentino disienta de las políticas públicas de turno, de leyes que no se adecuan a su ideología, o a sentencias judiciales, y así lo manifiesta, forma parte de la libertad de expresión que el ordenamiento jurídico le reconoce.

Ahora bien, que el mismo ciudadano confíe “en que nuestros legisladores sabrán defender los derechos de los tucumanos oponiéndose a estos intentos”, es otro cantar e implica un liso y claro llamamiento a no cumplir con las leyes de la nación.
¿Qué disposiciones y leyes no le gustan a un señor que, gracias al genocida Jorge R. Videla, cobra un sueldo del Estado argentino gracias a la “ley” 21.950?
Mencionó, en primer lugar, los “protocolos de aborto y de fertilización asistida inaceptables porque violan el elemental derecho a la vida y a seguir la propia conciencia avasallando, además, las legítimas autonomías provinciales” (1). Y atribuyó al poder político el “imponer” a la sociedad aquella normativa. 
La supina ignorancia y autoritarismo del sujeto en cuestión exige recordarle: 1. Ni el protocolo sobre aborto no punible, no penado, es decir, permitido, como tampoco la ley 26.862, de Reproducción Medicamente Asistida, obligan a ningún ciudadano o ciudadana. Son normas que posibilitan el ejercicio de las libertades de decisión y elección de las personas, tutelando su autonomía o autodeterminación del proyecto de vida, precisamente, lo que no hace su iglesia; 2. Las autonomías provinciales, concretamente, el derecho provincial, está subordinado a la supremacía federal. Dicho de otro modo, el “orden jurídico provincial” se subordina al “orden jurídico federal”, por lo tanto, nunca una ley provincial puede estar por encima de las leyes nacionales. Otro cantar es que desde una ley nacional se “invite” a las provincias a adherir a su contenido, o las competencias reservadas por las provincias en materia legislativa que, en los dos casos que le disgustan, no la tienen.

El segundo disgusto del obispo se enfoca en los “proyectos curriculares que, además de no respetar el derecho natural, violan la libertad de enseñanza y el derecho de los padres de elegir la educación que quieren para sus hijos”.

El problema del obispo es que cree estar todavía en la última dictadura militar donde su iglesia elaboraba los planes educativos tendientes a defender la “civilización occidental y cristiana”, con un modelo de sociedad para pocos. Ya sabemos los “frutos” que dieron esos planes.

El derecho natural es sólo un postulado ideológico del catolicismo integrista, desesperado por imponerlo a través de leyes nacionales y provinciales, donde el primer aspecto a cumplir es la obediencia a la moral elaborada por el clero. Si esa perspectiva quedara sólo en los colegios confesionales sería lógico. En esos establecimientos se lleva a cabo el adoctrinamiento religioso aunque con resultados muy pobres. Es que la religión no sirve para fundar la moral, y ejemplos sobran.

La sociedad argentina ha cambiado. Los consensos que se logran en los ámbitos democráticos buscan conformar una sociedad plural, diversa e inclusiva, con igualdad y respeto a las libertades, modelo social que difiere al que trató de imponer su iglesia en la última dictadura.

En nuestros tiempos lo “natural” dejó paso a la construcción cultural, con participación de todos y todas. Y este fenómeno también roza al supuesto derecho de los padres a elegir la educación (religiosa) de sus hijos. Son los propios creyentes quienes aceptan que sean sus hijos los que elijan la religión que les plazca.

Luego la paranoia: La Iglesia ve amenazado su derecho de enseñar y yo, como arzobispo, no tengo el derecho de callar. Es demasiado lo que está en juego en la educación. Nada menos que el futuro de la Patria porque sin educación no hay ningún futuro".

Sólo en una mente sin matices y autoritaria puede existir semejante afirmación. El orden público no sólo garantiza sino que reconoce a la Iglesia Católica la facultad de enseñar de acuerdo a su ideología. La preocupación del obispo tiene otro sustrato: es la queja por la indiferencia de los católicos en particular, y los ciudadanos en general, a los postulados de su religión que hace tiempo no vertebran a la sociedad. Por eso dice: “… se va creando un ambiente de temor en el que ya no es posible confesar abiertamente la fe y actuar en consecuencia”.
Es que son los propios creyentes quienes no aceptan el pensamiento del clero. No sólo la religión es inservible para fundar el acto moral, sino que el pensamiento episcopal tiene más que nunca un marcado carácter ideológico ya que los cambios sociales lo han convertido en inactual y anacrónico. El Sínodo de la Familia, convocado por la propia autoridad eclesiástica es una prueba de ello.

La realidad antidemocrática y opuesta a los derechos humanos del catolicismo romano no ha cambiado porque los representantes de lo sagrado siguen atados a un fósil ideológico.
El llamamiento a no respetar el orden público nacional, a casi 200 años de independencia, deja ver el talante contrario a la república y a las libertades, no sólo del personaje en cuestión, sino del órgano máximo del catolicismo en nuestro país. 

Nota

(1) “Duro mensaje de la Iglesia en el tedeum: "¿De qué democracia hablamos si se convierte en enemigo al que discrepa?", en http://www.lanacion.com.ar/1809032-duro-mensaje-de-la-iglesia-en-el-tedeum-de-que-democracia-hablamos-si-se-convierte-en-enemigo-al-que-discrepa. Todas las citas son de esta nota.

EVO, BERGOGLIO Y FERRARI

La foto recorrió el mundo. La parafernalia religiosa que desató la visita del papa Francisco a Bolivia tuvo un momento álgido cuando Evo Morales le obsequió al monarca católico un “crucifijo comunista”, tallado sobre la hoz y el martillo.
La cara desencajada del papa, indisimulable, dicen que fue seguida de un “eso no está bien”. A renglón seguido, vino la clásica relectura del vocero del Vaticano. Pero Bergoglio, en su infinita demagogia y fingimiento, tuvo que “tragarse el sapo”.
La intención del primer mandatario boliviano fue recordar que dicha imagen fue elaborada por un cura jesuita que, horas antes, había sido homenajeado por Francisco: Luis Espinal, clérigo opositor a las dictaduras militares bolivianas.
"El padre Espinal ha estado con los pobres, ha sido torturado antes de ser asesinado. Ese padre ha diseñado, ha tallado, ha hecho la cruz con la espada y la hoz. No es invento de Evo Morales, solo estamos recuperando ese mensaje del padre Luis Espinal", sostuvo el presidente.
La anécdota, permite recordar no sólo cómo la Iglesia Católica ha manipulado las imágenes religiosas, en contra del mandato bíblico, sino también rememorar el reciente pasado “iconoclasta” de Bergoglio contra el artista León Ferrari.

Del “No te harás imágenes”, a la religión idolátrica

Dice Pepe Rodríguez, “… el catolicismo es una religión idólatra, por eso la Iglesia – que creció adoptando mitos y ritos paganos y se extendió entre gentes habituadas a la idolatría – para poder conquistar la devoción de las masas incultas, tuvo que borrar de su doctrina la prohibición divina de adorar imágenes” (1).
Basta con comparar el Decálogo original que figura en el Antiguo Testamento (Dt 5,7-21) con la versión del catolicismo romano para corroborar lo dicho. El segundo mandamiento lo eliminaron de un plumazo.
La explicación oficial proviene del Concilio de Nicea (787), volcado al Catecismo, donde se justificó el culto a las imágenes en una nueva “economía” de ellas. Pura manipulación de los representantes de lo sagrado que, dentro de la lógica religiosa, del hecho cultural de la religión, podría ser entendible. No obstante, y aunque lo nieguen, el comportamiento institucional y de no pocos creyentes es idolátrico.
El autor citado recuerda que la iglesia “para ocultar la eliminación del segundo mandamiento ha recurrido a la astucia de unir el primero y el segundo en uno solo, pero usando después sólo el texto del primero, con lo que hizo desaparecer la prohibición de dar culto a las imágenes” (2)
Es que como sostiene el teólogo José María Castillo, la religión no se reduce a la relación entre el hombre y una deidad, sino que implica también una “relación mediada” con los representantes de lo sagrado, entre cuyos efectos se encuentran la sumisión y el sometimiento a las disposiciones de la autoridad, en nuestro caso, a las imágenes.
Aunque en el caso del catolicismo romano la existencia de “autoridades” tiene que ver más con la sed de poder de la casta clerical, que de un mandato del no católico y no clérigo Jesús de Galilea.

La venganza de León Ferrari

Corría el año 2004 cuando el artista León Ferrari inauguró una muestra en el Centro Cultural Recoleta (CCR). Se denominó “Retrospectiva: Obras 1954-2004” e incluía diversas obras, heliografías, collages, hasta las series del año 2000, tituladas “Ideas para infiernos”, que contienen figuras de santos, vírgenes y Cristos dentro de licuadoras, tostadoras, sartenes y ollas. Cabe aclarar que la muestra se hizo en una institución pública donde se advertía a los concurrentes que la “sensibilidad religiosa” podía verse afectada.
¿Qué autoridad eclesiástica encabezó la campaña del fundamentalismo religioso contra la muestra? Jorge Mario Bergoglio fue quien la lideró, calificándola de blasfema, celebrando misas de desagravio, y ejerciendo un fuerte lobby ante las autoridades públicas, quienes no cedieron al contar con el apoyo de la ciudadanía y la comunidad artística. Su autoritarismo lo llevó a escribir una “carta pastoral”.
La censura inquisitorial de Bergoglio fracasó. Once años después, tuvo que someterse a una imagen “heterodoxa” - el “crucifijo comunista” -, ideado por un sacerdote de su propio cuño. Su propia demagogia e hipocresía le jugaron una mala pasada. No hay declaraciones de blasfemia.
Ganó Ferrari. 

Iglesia sedicente

La operación de marketing iniciada por el Vaticano tendiente a dar un giro de 360° en la imagen del papa católico tiene estos riesgos. Desesperados por cambiar su rol incrementaron el culto al líder (otra forma de idolatría), potenciado por el populismo, chabacanería y demagogia del propio Bergoglio.
Pero el riesgo no se reduce a eso. Hay más. La idolatría que está en el ADN católico romano, se refuerza con el sincretismo religioso que goza de muy buena salud, a pesar del mandato bíblico. No sería de extrañar que el “crucifijo comunista” fuera bendecido, como muestra que en la religión católica nada es original y todo fue “adaptado” a su cultura.
A su vez, el peligro de aceptar el crucifijo se observó en el propio Francisco. Como bien lo señala Fernando Lozada, para entender la cara de Bergoglio frente el presente de Evo Morales hay que leer la encíclica Divini redemptoris, del papa Pío XI, sobre el comunismo ateo.
Pero eso a los católicos no les interesa. Lo que importa es idolatrar el líder. Como decía Deschner “lo que para los creyentes está en juego no son los problemas históricos, filosóficos o éticos, ni tampoco la verdad o, para ser más honestos, la verosimilitud” (3).
El primer papa latinoamericano fue quien confirmó, aceptando el “crucifijo comunista”, la sedicente vida del creyente que, en nuestras épocas, se nota más que nunca.

Notas
(1) Rodríguez Pepe, Mentiras Fundamentales de la Iglesia Católica, 2011, Barcelona, Ediciones B, p. 431.
(2) Op. cit.

(3) Deschner, El Anticatecismo, 1996, Zaragoza, Yalde, p. 45

domingo, 18 de enero de 2015

LA BURLAS DE LA RELIGIÓN DEL AMOR

Dentro de la gira proselitista que el papa Francisco lleva a cabo por Asia, realizó declaraciones con motivo del asesinato de los periodistas del semanario satírico francés Charlie Hebdo.
Enfocó sus reflexiones, sobre todo, en la libertad de expresión, diciendo: “si bien la libertad de expresión es un "derecho humano fundamental", tiene un límite, que es el de no ofender” […] “No se pude provocar, no se puede insultar la fe de los demás. No se le puede tomar el pelo a la fe. No se puede" […] “Si el doctor Gasbarri [Alberto, responsable de la organización de los viajes pontificios, que estaba en ese momento a su lado], dice una mala palabra en contra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo... ¡Es normal!" (1).
Nunca como antes apareció el Bergoglio original, el integrista, el que mandó a clausurar la muestra artística de León Ferrari en Buenos Aires en 2004, el que nunca desapareció por más que en su rol de papa finja “buenismo” y utilice la demagogia y el populismo para atraer ingenuos y crédulos.
Nunca como antes quedó en evidencia que la gestión de Francisco es el continuismo de sus dos antecesores, también integristas, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Es el mismo pensamiento totalitario y conservador pero con “buena onda”.
Según el papa, no se puede satirizar a las religiones, burlarse tampoco. Ahora bien ¿se habrá preguntado el monarca cuántas veces, y en distintos períodos históricos, su religión no sólo se burló sino que insultó y asesinó a aquellos que disentían de sus dogmas y fábulas? ¿Habrá reflexionado el pontífice acerca de si su propia religión no representa una burla e insulto a la dignidad, razón y sentimientos de los no católicos, esos que diariamente tienen que soportar que su iglesia “meta la nariz” en cuanto asunto público y privado existe?
El conflicto entre las libertades de expresión y religiosa – uno de los tantos puntos de análisis del atentado – permite recordarle papa, que criticó la esquizofrenia espiritual de los miembros de la Curia vaticana, algunas “picardías” del catolicismo romano en la materia.
1. La iglesia católica y su combate contra la libertad de expresión
Si bien no es este el espacio para analizar en profundidad cómo la iglesia católica insultó y pisoteó la libertad de expresión en diversos períodos históricos - y masacró en nombre de sus verdades -, pueden mencionarse algunos ejemplos vigentes en pleno siglo XXI.
La no suscripción de la Declaración Universal de Derechos Humanos por parte de la Santa Sede, como varios de sus protocolos e instrumentos internacionales relativos a la libertad de expresión, es un hecho irrefutable. Problema que se agrava puertas adentro de la institución religiosa ya que el propio Código de Derecho Canónico impone la censura en sus cánones 823 a 832.
Son incontables los casos de laicos y teólogos censurados y expulsados, sobre todo, en las monarquías de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El propio Francisco expulsó a un cura brasileño por haber defendido el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Mientras que en nuestro país también existieron casos donde se violó la libertad de expresión, bajo el mandato cardenalicio de Bergoglio. Algunos de ellos fueron:
a) El del teólogo Ariel Alvarez Valdes, porque se atrevió a manifestar en sus libros que Adán y Eva nunca existieron. Sus censores le dijeron que podía decir “esas cosas” en libros para especialistas, en libros “difíciles”, pero no para los creyentes porque se escandalizaban. Se le practicó un juicio canónico, pero se sabe que ese tipo de procesos no respetan la garantía de defensa en juicio.
b) El de la profesora de Historia de la Cultura Persa, Paola Raffeta, docente de la Universidad del Salvador (Jesuita), quien en 2009 ejerció el derecho a expresarse en contra de la intromisión de la iglesia católica en las políticas públicas del país y anunció su participación en la primera campaña de apostasía colectiva de la Argentina.
La docente, con una antigüedad de 10 años, tuvo como respuesta de parte de la casa de estudios, el despido. El principal argumento que se esgrimió fue que el art. 39 inciso e) del Estatuto Académico sostiene que los docentes tienen la obligación de “no difundir ni adherir a concepciones que se opongan a la doctrina católica”.
Las opiniones fueron vertidas fuera de la Universidad, no dentro del aula. Sin perjuicio de ello, aquella libertad de pensamiento y expresión fueron sancionadas so pretexto de normas eclesiásticas.
c) El caso del juez del Superior Tribunal de Entre Ríos, Carlos Chiara Díaz, profesor de la Universidad Católica Argentina en Paraná, quien también fue despedido por haber firmado el proyecto de reforma del Código Penal que despenalizaba el aborto en 2006, proyecto que luego fue archivado.
El catolicismo romano está en las antípodas del respeto a la libertad de expresión, manteniendo la moderna inquisición (Congregación para la Doctrina de la Fe), con sus procedimientos de censura contemplados en el “Reglamento para el examen de doctrinas”, también conocido como “Ratio agendi” (Razón de obrar o proceder en un juicio), aprobado por Juan Pablo II el 30 de mayo de 1997, y publicado el 29 de junio de 1997.
Estas burlas e insultos del catolicismo hacia la libertad de expresión son mantenidos por Francisco.
2. Insultos y burlas en la “religión del amor”
“No se pude provocar, no se puede insultar la fe de los demás. No se le puede tomar el pelo a la fe. No se puede”, sostuvo el monarca teocrático. Ahora bien ¿Qué hizo su iglesia y representantes durante siglos sino insultar y tomar el pelo a quienes no adherían a sus dogmas?
Relataba Deschner que históricamente “las concepciones de todos los pensadores inconformistas, por más que su altura espiritual se elevase a veces a lo sublime, tenían que ser vistas como una “peste”, como una “enfermedad”, como “poses henchidas de ateísmo”, como “alaridos o ladridos salvajes”, como “vómitos o esputos”, como “pestilente basura”, como “excrementos”, como “hediondo estercolero”. Desde entonces, todos los no cristianos – y también los cristianos de confesión distinta a la propia – equivalen a “apestados” a “inválidos” a “precursores del Anticristo”, a animales en figura humana”, a “hijos del demonio”. Toda esta terminología cultural proviene de bocas episcopales y papales y va toda ella dirigida contra los “herejes”, es decir contra las “bestias de la peor ralea”, contra “carne de matadero para el infierno” (2).
Se dice que no hay que sacar de contexto esos insultos. ¡Pero si aquellos que no descontextualizaron fueron pasados a degüello o llevados a la hoguera! Y en pleno siglo XXI puede pasarse revista a los comentarios de foristas enfurecidos que lanzan insultos ante cualquier ensayo crítico contra su religión que se publique en internet.
Han sido los ateos quienes han recibido por siglos burlas e insultos de toda laya. Michel Onfray reflexionó en profundidad en el primer capítulo de una obra fundamental”: “Difícil, por lo tanto, reconocerse como ateo… Nos llaman así, y siempre ante la perspectiva insultante de una autoridad dispuesta a condenar” (3).
Como si aquello no alcanzara, los no creyentes (o creyentes en otras religiones), deben soportar que el catolicismo romano despliegue sus burlas a la razón a través del proselitismo e imposición de su credo en nombre de la libertad religiosa.
El abanico en este escenario es ilimitado dado el carácter invasivo y totalitario de esa religión. Desde sus dogmas, doctrinas y mandatos morales, pasando por su intrusión en las políticas públicas de los estados para que se gobierne, legisle y sentencia con el catecismo en la mano, hasta su simbología cruenta, por ejemplo, un crucifijo con un cadáver colgado.
Volviendo a las declaraciones papales: ¿No es una burla y un insulto, liso y llano, calificar a la “Noche de San Bartolomé” como un pecado? ¿En qué cabeza psicópata entra que esa auténtica masacre de protestantes en manos de “misericordiosos” católicos haya sido sólo un “pecado”?
3. Los límites ¿quién los pone?
Francisco considera que la sátira - que lleva ínsita la burla -  es inapropiada para referirse a las religiones, incluyendo la propia. Sin embargo, la sátira es un género literario (para algunos un subgénero) como los que utiliza la propia iglesia católica para interpretar las diversos libros de la biblia. Por lo tanto su uso es tan válido como el género apocalíptico, el de las parábolas, o el erótico.
El atentado en Francia reflotó el enfrentamiento entre las libertades de expresión y de religión. Para el papa, la de expresión tiene límites y así es. ¿Y la libertad religiosa? ¿Cuáles son sus límites? ¿Deben los creyentes limitar el ejercicio de su libertad de creencia? Por supuesto que sí, aunque la beatería y los neofariseos que han proliferado como hongos no entiendan por qué si sus creencias son “buenas” debieran limitarlas. Precisamente porque lo que es deber religioso para unos, no lo es para los demás. Porque no de cualquier modo ni en cualquier lugar se la puede ejercer, siguiendo el razonable criterio de una jueza nacional.
Los límites se encuentran no sólo en los propios creyentes sino en las leyes laicas. Como sostiene Savater “la legalidad establecida en la sociedad laica marca los límites socialmente aceptables dentro de los que debemos movernos todos los ciudadanos, sean cuales fueren nuestras creencias o nuestras incredulidades. Son las religiones quienes tienen que acomodarse a las leyes, nunca al revés” (4).
El papa Francisco, sigue sin entenderlo.

(1) “El papa Francisco, sobre Charlie Hebdo: "No se puede insultar la fe de los demás", en  http://www.lanacion.com.ar/1760255-el-papa-francisco-sobre-…
(2) Deschner, Karlheinz, El Anticatecismo, Zaragoza, Yalde, 1990, p. 29.
(3)  Onfray, Michel, Tratado de Ateología, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2006,  p. 41.

(4) Savater, Fernando, La vida eterna, Barcelona, Ariel, 2007, p. 212.